Un siglo memorable

Por Pascual Tamburri Bariain, 19 de diciembre de 2000.
Publicado en El Semanal Digital.

Europa, 1901: un nuevo siglo comienza, con grandes esperanzas. Las grandes potencias del continente gobiernan el mundo, y ninguna decisión importante se toma fuera de Londres, Berlín, París o San Petersburgo. Los conflictos balcánicos turban periódicamente la paz, pero pocos se preocupan seriamente. Un sistema de alianzas garantiza la paz y el progreso. Fuera de Europa y Norteamérica la inestabilidad es general, pero se trata sólo de disturbios debidos al subdesarrollo y a la falta de regímenes políticos modernos. El progreso, asegurado por el capitalismo industrial y la revolución tecnológica, parece consolidado, y la prosperidad será creciente en las décadas posteriores.

España, 1901: tras el revulsivo de la derrota de 1898, se alzan numerosas voces por la regeneración institucional, social y económica, que todos esperan alcanzar por imitación de los modelos prestigiosos europeos y por la aplicación de un verdadero modelo capitalista. La agricultura, única riqueza real de la nación, será progresivamente completada y hasta superada por nuevas industrias. En todo caso, la estabilidad constitucional ha permitido superar definitivamente la división entre los españoles: nunca volverá a repetirse el triste espectáculo de las guerras civiles del siglo XIX.

¿O no?

Europa en el siglo XX ha perdido su papel mundial, y ha dejado de ser un modelo político, económico, social y cultural. La Europa dos veces derrotada en sus propias y criminales guerras civiles es un club de países opulentos rodeado de los restos paupérrimos del «paraíso» marxista y del colonialismo capitalista. Los problemas internos presentes en 1901 no han sido solucionados, y Europa vive aún pendiente, como en los balcanes, de las contradicciones entre la realidad y su presuntuosa imposición de sus patrones estatales y empresariales.

España como nación está en 2001 donde estaba en 1901. Cierto, la pobreza del país es sólo un recuerdo para la mayoría, y estamos perfectamente integrados en Europa, pero a cambio estamos dispuestos a discutir lo que antes era innegociable, desde la unidad nacional a las creencias más íntimas del pueblo. España es más rica en bienes materiales, pero más pobre y más débil en potencia espiritual y en conciencia de sí. Y no ha sanado la división entre defensores y enemigos de la existencia de España.

Es atrevido decir que ha sido un siglo inútil: la técnica ha avanzado, en cierta medida el hambre ha retrocedido (en nuestro entorno inmediato): pero no somos mejores, y no hemos solucionado los problemas de nuestros bisabuelos. En un siglo, hemos destruido buena parte de su herencia, y tenemos además experiencias recientes y dolorosas que antes no teníamos: genocidios, deportaciones, crímenes contra la humanidad, aberraciones sin nombre y sin perdón. España y Europa deben aprender del siglo XX, porque no tendremos otra oportunidad de cometer los mismos errores.

Por Pascual Tamburri Bariain, 19 de diciembre de 2000.
Publicado en El Semanal Digital.