¿Algo se mueve a la derecha del PP?

Por Pascual Tamburri Bariain, 5 de agosto de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.

Por primera vez en su historia, el partido político «Democracia Nacional» ha obtenido un espacio relevante en los medios de comunicación nacionales. La sequía informativa del verano no basta para explicarlo: lo cierto es que su atrevida campaña «¡Alto a la invasión!», lanzada de nuevo con una manifestación en un pequeño municipio de Cuenca el 2 de agosto, conecta con un problema real de la sociedad española, el de la inmigración masiva, que los partidos al uso no terminan de aceptar, y por consiguiente de solucionar. Sin duda, un éxito mediático, obtenido con escasos medios humanos y materiales.

¿Ha nacido una alternativa a la derecha del PP? Es muy pronto, o muy tarde, para decirlo. Recurriendo a una metáfora de Arzallus, «unos han de sacudir el árbol, para que otros recojan las nueces». Pues bien, es relativamente fácil que un grupo de personas, con eslóganes sencillos y conectando con un sentimiento popular ampliamente difundido, se abran paso en los medios de comunicación, y hasta en el aprecio de su público potencial. DN ha sacudido, por un día, el árbol de la política española. Pero ¿será capaz de seguirlo haciendo? y ¿quién recogerá el fruto? Para hacerlo, Democracia Nacional tendría que contar con una red amplia y estructurada en todo el territorio nacional, con un programa político claro y realista, con una absoluta limpieza de medios y de intenciones, sin ningún contagio de ilegalismo o de nostalgias trasnochadas, y naturalmente con una clase dirigente formada para competir en política en el siglo XXI; aún mejor si los jóvenes reunidos en Cuenca dispusiesen de un líder mediático y telegénico. Si Democracia Nacional tiene algo de esto, el Partido Popular debería preocuparse, porque irremediablemente estarían en cuestión los votos que revierten a Aznar como mal menor, pero que no son, ni serán, de «centro reformista», que no desean ser «ultras», pero que no pueden admitir eternamente un centroderecha abortista, timorato, entregado en muchos aspectos a sus peores enemigos.

Los analistas políticos coinciden en que ese espacio existe en España, aunque aún no han dedicado ninguna atención a Democracia Nacional, dada la absoluta irrelevancia de este grupo, al menos hasta el momento. Cuando se tomen la molestia, podrán analizar algunas circunstancias que rodearon el acontecimiento mediático de la primera semana de agosto de 2001. El modesto acto celebrado en Las Pedroñeras no respondía a una inquietud local: en realidad, la manifestación se celebró aprovechando la Universidad de Verano del citado partido, y los manifestantes provenían de toda España; se trataba, en suma, de los jóvenes militantes de la organización, reunidos para tareas de orden interno, y canalizados hábilmente en una operación de imagen. Esas decenas de manifestantes de aspecto vagamente inquietante no eran una muestra de los simpatizantes rurales de DN en aquella zona de Castilla – La Mancha, sino más bien un precipitado de la limitada militancia urbana del grupo en otras regiones de España. No es habitual en los partidos políticos operativos que una reunión sirva al mismo tiempo de manifestación reivindicativa, congreso ideológico, asamblea organizativa, escuela de cuadros y vacación estival. Hacer muchas cosas a la vez suele significar no hacerlas bien. Democracia Nacional ha repetido en este caso algunos errores clásicos de la ultraderecha española, de 1975 a esta parte; iniciada la agitación, se ha creado un interés periodístico y decenas de miles de simpatizantes potenciales han escuchado por vez primera el nombre de ese partido. Pero, dadas las circunstancias, no hay garantías de que la agitación vaya a proseguir, al menos con el mismo tono razonable y presentable, y sobre todo nada parece haberse dispuesto dispuesto para capitalizar la simpatía generada.

PP y PSOE pueden estar tranquilos, porque Jean-Marie Le Pen no se ha mudado (por ahora) a Cuenca. En 2004, salvo que cambien mucho las cosas, el heredero de José María Aznar dispondrá aún del voto cautivo de toda la derecha española, campeando libremente desde el centroizquierda hasta la extrema derecha, englobando entre otras cosas el franquismo sociológico y muchas inquietudes nacionalistas juveniles. Sin reconocerse ya claramente como un partido patriótico, ético y social, el PP ha heredado todas las bazas de la vieja AP y ninguno de sus problemas. Y mientras las cosas sigan como hasta ahora, las tormentas veraniegas no oscurecerán tan cómoda posición.

Por Pascual Tamburri Bariain, 5 de agosto de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.