Ibarretxe no ha entendido a Arafat

Por Pascual Tamburri Bariain, 19 de septiembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.

Nada volverá a ser igual, en términos políticos, después del 11 de septiembre. Los Estados Unidos, pasando abiertamente por encima de viejas instituciones de cuño europeo (como la presunción de inocencia, la soberanía inviolable de los Estados o la diferencia entre la agresión militar y el delito terrorista) están dispuestos a buscar, encontrar y destruir a los potenciales culpables de la horrible masacre. Más aún: en esta ocasión van a ser dejados a un lado recientes hallazgos de la diplomacia internacional, que durante décadas los propios Estados Unidos han utilizado para sus fines (por ejemplo, nadie habla ya ni de las Naciones Unidas ni de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

La comunidad internacional va a cambiar, y mucho, en los próximos años. Desde Washington se prescinde ya sin pudor de la ficción de la independencia de todos los demás países, que sólo pueden optar entre ser aliados más o menos estrechos del imperio americano o blancos de ataques más o menos inminentes. Asistiremos en breve a un intento de formalización de este Gobierno Mundial, al que sólo con esfuerzo algunas grandes potencias podrían renunciar; Europa, Rusia, el mismo mundo árabe-musulman, India y China tendrán que elegir su camino antes de lo que pensamos.

Yaser Arafat es un hombre inteligente, como ha demostrado en décadas de guerras imposibles. Como no tiene otra fuerza que la de las piedras, es flexible y, como los juncos, se mueve con el viento para no ser quebrado por él. Yaser Arafat, y tras él la Autoridad Nacional Palestina, va a participar en la coalición internacional de aliados de Estados Unidos, en la búsqueda y captura de los asesinos del World Trade Center. Arafat sabe que la empresa tiene un poco de ilusoria y un mucho de propagandística. No ignora tampoco que su pueblo, y quizás él mismo, comprenden aunque no aplaudan el terrorismo masivo. Pero Arafat, al fin al cabo, es un hombre de Estado, que tiene la responsabilidad de guiar a los palestinos, una nación real de la gran familia árabe, en una tormenta arrolladora.

Nuestro pobre Ibarretxe es de otra pasta. Carece por supuesto de la habilidad diplomática y de la amplia visión del caudillo palestino; y nadie se lo pide, porque no deja de ser el presidente de una pequeña región autónoma en el Norte de España. Su problema es que pertenece a un entorno político demencial, que sostiene que esa región es diferente al resto del mundo y que debe ser independiente. Tan diferente está siendo que el PNV es el único partido español en el gobierno que se niega a colaborar, desde las instituciones que controla, con el esfuerzo internacional contra el terrorismo. Naturalmente, el nacionalismo vasco es fiel a sí mismo y se niega a luchar contra el terrorismo: siempre ha actuado así. Los abertzales están renunciando, así, a bastantes años de retórica propalestina, basada en una absurda comparación de ambos casos. Pero además, a diferencia del sutil Arafat, se están definiendo como grupo político y como gobierno abiertamente proterrorista. Y esto, en el orden mundial naciente, no debe quedar sin castigo.

Por Pascual Tamburri Bariain, 19 de septiembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.