Libertad perdurable

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de octubre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.

El domingo 7 de octubre de 2001, cuando en Kabul ya era de noche pero los Estados Unidos y Europa tenían aún unas horas de luz solar, han comenzado las operaciones militares de la operación «Libertad perdurable». Las fuerzas aéreas y navales de Estados Unidos, con la colaboración directa de algunos países, entre los que destaca Gran Bretaña, bombardean los asentamientos de grupos ligados a Ossama ben Laden en Afganistán, así como objetivos militares y estratégicos del régimen talibán de aquel país y las ciudades de Kandahar, Kabul y Jalalabad. Otros cuarenta estados, entre los que están todos los miembros de la OTAN y la propia España, colaboran en tareas logísticas y han ofrecido también su participación directa.

George Bush ha aclarado que no se trata de luchar contra el pueblo afgano, ni por supuesto contra la fe islámica. Las operaciones en curso constituyen el inicio de una campaña mundial contra el terrorismo. Los expertos militares y policiales pensarán probablemente que este tipo de acciones con armas pesadas no suelen ser eficaces contra grupos guerrilleros y terroristas, pero lo cierto es que Estados Unidos se ha reservado la dirección de las operaciones y la selección de los tiempos y las medidas. Cualquier opinión más sobra ahora mismo, y las obligaciones internacionales de España nos llevan de un modo u otro al lado de nuestros aliados.

José María Aznar ha anunciado con firmeza al pueblo español que no es hora de vacilaciones. Al responder a los atentados del 11 de septiembre, España encuentra también la ocasión de responder a 33 años de terrorismo en su territorio. Pocas horas antes del inicio de las hostilidades, las fuerzas de seguridad francesas han detenido en aquel país a Vicente Barandiarán (a) Willi, considerado uno de los responsables políticos de la dirección de la banda nacionalista terrorista ETA. Así como España ofrece todos sus medios militares contra el terrorismo integrista, puede obtener también la colaboración legal, policial y militar de sus aliados contra el terrorismo nacionalista, aliado del anterior e igualmente incluido entre los grupos perseguidos por Estados Unidos.

España ya participa en la guerra. Sus bases han sido necesarias en la preparación del ataque. Las fuerzas de seguridad y los servicios de información prosiguen su tarea antiterrorista. Si hay operaciones convencionales en Afganistán serán probablemente llamadas unidades del Ejército de Tierra. Si la inquietud sacude el mundo musulmán nuestra frontera meridional entrará en alerta, y las concentraciones de inmigrantes se convertirán en otros tantos focos de problemas.

Hace exactamente 430 años, en la gloriosa jornada de Lepanto, chocaron dos mundos. La flota de la Cristiandad europea detuvo la expansión islámica en «la más alta ocasión que vieron los siglos». No conviene confundir aquel 7 de octubre con éste. El enemigo no es hoy el Islam, y debe hacerse un esfuerzo para evitar un choque entre dos civilizaciones, suavizando a cualquier precio la percepción musulmana de una ataque judeocristiano, y subsanando las justas causas de irritación en la umma, en una Conferencia de Paz lungimirante. El enemigo de hoy es, se nos dice, una alianza internacional del terror, que con variados estilos y pretextos asesina inocentes en una guerra sin tiempo, sin rostro y sin leyes. Sea así: y si los soldados, marinos y aviadores de España han de participar, o si la nación ha de hacer cualquier esfuerzo adicional, que lo haga sintiendo como propia la batalla, apuntando a enemigos interiores y exteriores, presentes y potenciales.

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de octubre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.