España, en guerra

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de noviembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.

José María Aznar se entrevistó el miércoles 28 con el presidente Bush en Estados Unidos. La entrevista, preparada desde antes del 11 de septiembre, adquiere un nuevo sentido considerando la colaboración de España en la lucha mundial antiterrorista: decenas de sospechosos han sido detenidos en nuestro país, y el tiempo dirá si nuestra participación deberá intensificarse.

Entre tanto, todas las potencias afectadas están tomando enérgicas medidas antiterroristas: detenciones masivas e indefinidas de todos los sospechosos, creación de tribunales militares para casos de terrorismo en EE.UU, restricciones al habeas corpus en la propia Gran Bretaña, control de operaciones financieras y de redes legales conectadas siquiera de lejos con el terrorismo. Decenas de grupos y de partidos han sido investigados y disueltos en todo el mundo. Miles de sospechosos están en prisión.

En suma, en los países occidentales han entrado en vigor restricciones duraderas a las libertades individuales (de circulación, de expresión y de asociación, por ejemplo), en nombre de la seguridad nacional. El terrorismo lo ha hecho posible y hasta obligado: nadie reprocha a Estados Unidos, después del 11 de septiembre, su energía.

En Europa subsiste cierto garantismo: los ocho terroristas islámicos detenidos por el juez Garzón no serán extraditados a EE.UU., ya que en Estados Unidos hay pena de muerte y a este lado del Atlántico aún queda quien prefiere renunciar a la seguridad en nombre de la libertad. España está quedando en una posición desairada: exige la extradición de etarras, para después aplicarles sus suaves leyes penales, pero no acepta entregar otros terroristas a países donde la ley se defiende con contundencia y sin complejos.

En España no hay pena de muerte, ni penas superiores a 30 años de prisión, ni siquiera en caso de guerra. Es una decisión consciente del legislador: la sociedad española ha renunciado a los medios extremos de coerción, soñando con una paz eterna, o pensando que la guerra tendría lugar siempre lejos. Pero la guerra la llegado a Europa.

Ante todo, hay en España terroristas y grupos militantes islámicos, en parte ya detenidos, pero en buena medida aún activos. Entre la masa de inmigrantes ilegales y legales se camuflan células tan peligrosas como las que aparentemente causaron la masacre del 11 de septiembre.

Además, España está en pésimas relaciones con Marruecos, un país musulmán inestable, dictatorial y expansionista. El Gobierno marroquí, que tiene cientos de miles de ciudadanos en España, reivindica parte del territorio nacional y pretende limitar la independencia de la diplomacia española en todo lo relativo al África musulmana. También hay agentes marroquíes en España, entre los inmigrantes, y partidarios de Marruecos al más alto nivel, como Felipe González o el embajador Dezcállar.

Por último, España tiene su propio terrorismo, el nacionalismo vasco, que mata, que miente, y que conspira para segregar otras partes del territorio nacional, en ocasiones aliado o connivente con el terrorismo islámico, y recurriendo siempre a los mismos métodos. España está en guerra, una guerra compleja que tiene al menos tres frentes. No conviene precipitarse en desacreditar los métodos con los que Estados Unidos combate su guerra, paralela a la nuestra.

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de noviembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.