Argentina, en el abismo

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de diciembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.

Un país hermano, el más rico, el más culto, desarrollado y europeo de todos los países nacidos de España, agoniza. La nación argentina tiene hambre, ha sido arruinada por sus políticos, depredada por los extranjeros y abandonada por sus clases dirigentes. Y lo peor es que España es culpable.

Los españoles se sienten cercanos al sufrimiento de los argentinos. Es lógico, porque al menos la mitad de los argentinos son españoles de origen. Y la cultura del país no nos es extraña, y su historia reciente ha sido vivida con pasión en nuestras calles, desde el emocionante retorno de Juan Domingo Perón hasta la inevitable pero sanguinaria dictadura militar, pasando por la solidaridad popular, aunque no oficial, en los momentos críticos de la guerra de las Malvinas y de la transición democrática.

Pero los argentinos no sufren sin razón, ni como fruto de sus derroches. Argentina ha sido arruinada por una política económica suicida. Los gobernantes argentinos de todo signo (desde Jorge Rafael Videla hasta los fracasados radicales, pasando por Alfonsín y Menem) han tenido a gala su fidelidad a las orientaciones del Fondo Monetario Internacional. Así, la Argentina es el país más endeudado en términos absolutos del hemisferio occidental, y allí hace años que la economía se dirige mirando más a Nueva York que a las necesidades del pueblo y al provenir nacional.

En ese contexto, al endeudamiento siguió la inflación; a la inflación la dolarización, a ésta un nuevo endeudamiento unido a la internacionalización, y por fin una inevitable bancarrota que el indigno presidente saliente y el incompetente Cavallo trataron de saldar condenando al hambre a la gente de la calle.

Las grandes compañías españolas cayeron como aves de presa, junto a otras, sobre el cuerpo económico de la Argentina. Servicios públicos, bancos, antiguos monopolios y una parte apreciable de la riqueza nacional platense está en manos españolas. Ciertamente la responsabilidad no es del pueblo español, ni del pequeño ahorrador español, al fin y al cabo prisionero también él del BBVA, del BSCH y de Telefónica.

Pero sí es responsabilidad del Gobierno. Ningún altruismo ha movido a nuestros políticos en las relaciones con Argentina, aun sabiendo que en circunstancias mucho más difíciles para España nosotros sí tuvimos un crédito ilimitado y desinteresado al otro lado del Océano. No necesitamos seguir explotando Argentina de modo casi colonial. Debemos, por el contrario, ser colectivamente generosos: las grandes empresas deben actuar conforme al interés nacional argentino, y el Estado debe plantearse una condonación total de la exasperante deuda, que ya está pagada con creces. Por supuesto, las puertas de España deben estar abiertas sin límites para los argentinos que quieran venir, pero no es la emigración la solución.

El riesgo que corremos no haciéndolo es grande. Un Gobierno argentino nacional y populista, que se ocupe de los problemas reales y pise con firmeza en el mundo saldrá sin duda adelante. Y no podrá olvidar quién estuvo a su lado en las horas más bajas. España debe hacerse presente con hechos, no con palabras. Es un deber de justicia, no de caridad.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de diciembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.