La Europa profunda tiembla

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de diciembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.

Esta Europa crece y avanza. La presidencia belga de la Unión Europea, con muchas dificultades y no pocos errores, ha encauzado el doble proceso de ampliación hacia el Este y de reforma institucional, que las sucesivas presidencias española e italiana deberán culminar. Se perfila en un futuro muy cercano una Europa con más de treinta países, dotada además de un ordenamiento constitucional propio, y con un nuevo reparto de competencias entre Unión, naciones y regiones.

Todo esto está despertando muchas menos resistencias e inquietudes que hace unos años, o incluso que hace unos meses. Las viejas naciones están ahora dispuestas a ceder a la burocracia de Bruselas espacios de poder auténticamente soberano, no sólo ya en materia monetaria, sino también fiscal, legislativa e incluso policial y penal. El nuevo clima internacional ha hecho que se renuncie en silencio a competencias y símbolos que parecían irrenunciables, en el camino hacia una Unión que se vislumbra hecha a imagen y semejanza de los Estados Unidos.

Mientras tanto, en Bruselas siguen prevaleciendo en el día a día la misma lógica mezquina y los mismos intereses alicortos de siempre. Los grandes burócratas y los políticos pequeños, ignorando la importancia del momento, siguen con sus manejos de pasillo y con su soberbio aislamiento de la realidad. Una realidad sobre cuyo futuro, paradójicamente, están llamados a decidir con peso cada vez mayor.

El presupuesto europeo tiene su principal partida de gasto en la Política Agraria Común. Gracias a esas subvenciones y ayudas, los productores agrícolas y ganaderos de Europa pueden competir, aunque en desventaja, con los agricultores estadounidenses y tercermundistas, favorecidos unos por su Gobierno y otros por el dumping social esclavista. Gracias a la PAC, Europa volvió en el siglo XX a ser excedentaria en alimentos, después de dos siglos de masivas importaciones. Con la PAC, por otra parte, y sean cuales sean sus defectos, el sector primario europeo ha detenido su brutal descenso demográfico y algunas áreas rurales, no todas, mantienen algo de población activa.

Esta política, en el nuevo escenario, va a cambiar. Acusada de demasiado onerosa, no va a crecer en cifras absolutas aun cuando la superficie agrícola, llegando al Bug, se va a duplicar. El mismo pastel, ya escaso, repartido entre más comensales significará hambre para todos. Se habla incluso de suprimir las ayudas.

Efectivamente es cara la PAC. Pero la PAC existe porque los señores de Bruselas, destruyendo los mercados nacionales y los equilibrios tradicionales, hicieron de Europa una única plaza de mercado, abierta además a las importaciones, arruinando literalmente a los agricultores. Además, habría que preguntarse si Europa, cualquier Europa existente o por inventar, sería posible sin una base agrícola saneada, sin un campesinado fuerte y sin una potencial autonomía productiva. Es, en definitiva, un enfrentamiento entre la fría lógica economicista y presupuestaria de los despachos y las necesidades del pueblo. Las naciones europeas ya no tienen capacidad de decisión soberana en esta materia. Sea. Pero incluso desde los intereses generales de la Unión tocar la PAC supone atacar uno de los pilares de la Europa real. José María Aznar, en los seis primeros meses de 2002, tendrá ocasión de demostrar qué Europa quiere para España.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de diciembre de 2001.
Publicado en El Semanal Digital.