El país (vasco) de las tentaciones

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de febrero de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

Emilio Guevara, expulsado del PNV, cree que hay un PNV autonomista, que podría emerger si desapareciese Javier Arzallus de la escena política. La idea circula hace mucho en los mentideros oficiales y oficiosos: si surgiese un nacionalismo «moderado», de alguna manera no independentista, el PP no estaría solo (o en la incierta compañía del PSE) en la defensa de la actual configuración de España.

Algo hay de verdad en esto, pues ciertamente muchos nacionalistas votarían contra una secesión de España. Y, como Guevara, reconocen lo mucho que el nacionalismo ha logrado de 1977 a esta parte. La tentación es grande: ¿Debería el Partido Popular fomentar una corriente nacionalista no separatista? ¿Podría incluso el partido de Gobierno matizar su discurso político y hacerlo sugestivo para estos «nacionalistas moderados»?

Si alguien cree que el nacionalismo vasco es matizable, compatible esencialmente con la unidad nacional, o compatible incluso con la existencia de España, puede dejarse tentar. En el País Vasco, como en Cataluña, no cabe duda de que la existencia de identidades regionales fuertes puede sugerir a los políticos meseteños la idea de hacer de los partidos nacionales (del PP en este caso) una sucesión de sucursales regionalistas. Es una posibilidad. O una tentación.

El resultado de algo similar se ve en el PSC, el partido … nacionalista de Pascual Maragall. En el País Vasco es evidente que hay peneuvistas descontentos con Arzallus. Pero una de dos: o se trata de gentes sociológicamente conservadoras que votan al PNV por tradición familiar o por intereses muy concretos, o son nacionalistas como él, que disienten de él por cuestiones de método, de forma o de velocidad. Pero no de fondo: todos los nacionalistas vascos, si realmente lo son, son independentistas, reivindican el derecho a la autodeterminación y, en último extremo, están más del lado de Eta que del lado de pa paz, la verdad y la justicia.

Esa tentación ha de desecharse: el PP ha de ser el primer partido vasco por sus propios medios, haciendo de España una bandera sugestiva para el pueblo vasco, más allá del delirio sabiniano y de su actual ejercicio totalitario.

Otra tentación, en cambio, ha avanzado más, y lleva camino de imponerse, con gran dolor para los buenos y gran regocijo de los malos (en este caso se impone el estilo ignaciano y apocalíptico). El PSE ya no es el partido de Nicolás Redondo: es el partido de las rivalidades, los intereses encontrados, las presiones de Ferraz y los chalaneos de Felipe González y sus secuaces. Como el mismo y desengañado Emilio Guevara ha dicho, «en el PNV hoy por hoy está vigente la ponencia aprobada en el año 2000 y un acuerdo sería más probable con Batasuna que con el PSE». La única posibilidad de los socialistas vascos de congraciarse con Arzallus pasa por aceptar alguna forma de autodeterminación (introducida por la tregua – trampa y una reedición de Estella) y por romper definitivamente con el PP. El PP ofrece trabajo y esfuerzo común. El PNV ofrece prebendas, chanchullos y apoyo político en el camino a la Moncloa. La tentación, ay, es demasiado fuerte. Tal vez algunos socialistas, si el españolismo pierde ante las maniobras de Jáuregui, deban pensar en cobijarse en el PP.

En el país de las tentaciones las cosas parecen muy complicadas. En el fondo no lo son tanto. Si todos los políticos fuesen honestos y no existiesen Eta y la asfixiante presión social nacionalista, el pueblo podría elegir libremente. Pero ese escenario idílico no se da. No hay que hacerse ilusiones: el PNV marcha decidido hacia la autodeterminación, y desea más compañeros de viaje, o al menos espectadores desorientados. Por el contrario, debe encontrar enfrente a toda la sociedad española, dispuesta a usar todos los medios legítimos, no ya para acabar con Eta, sino para hacer imposibles las metas que Eta persigue. Las metas del nacionalismo y de sus cómplices.

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de febrero de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.