¿Qué dirá Zapatero a los niños vascos?

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de febrero de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

José Luis Rodríguez Zapatero, en la mejor tradición política socialista, se hace ver a menudo en las calles, en los centros de trabajo, en los comercios y en las escuelas. Parece agradarle el contacto con la gente, y probablemente busque compensar con cercanía lo que no tiene de simpatía. Tal vez sea una buena idea de sus asesores, o tal vez se trate incluso de un verdadero interés del líder socialista por las cosas de la gente llana.

Aún no hemos visto a Zapatero en una escuela vasca. El nacionalismo vasco acaba de expulsar de la docencia a los últimos maestros y profesores que no hablaban vascuence. Limpieza étnica que nadie denuncia, y menos la UGT socialista. El nacionalismo vasco forma en la escuela pública a los reclutas de Eta. Pero nadie dice nada, ni siquiera José Luis Rodríguez Zapatero, que cuando viaja al País Vasco y a Navarra está rodeado de una camarilla cerrada y sólo sabe pronunciar bonitas palabras de las suyas, hermosas abstracciones acabadas en «-dad».

La educación ha quedado olvidada por los políticos no nacionalistas. El delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, ha afirmado públicamente que las enseñanzas divulgadas en libros de texto utilizados en los centros educativos vascos «permiten, en una parte importante, el relevo generacional en Eta». Villar hizo estas declaraciones en el acto de apertura de la reunión de directores de la Alta Inspección del Ministerio de Educación, que se celebró en Vitoria. Esta Inspección dirige y gestiona los elementos comunes de la política educativa del Estado.

Después de denunciar que «el asunto de la educación en el País Vasco es una clara demostración de hasta qué extremos puede llevar la perversidad de un nacionalismo excluyente, xenófobo e intransigente», Villar destacó que «estas generaciones educadas en falsas referencias como Euskal Herria, odio a España, nacionalismo sin frenos, salen de la educación a la guerra callejera que quema y destruye, y de ésta al coche-bomba o el tiro en la nuca». A su juicio, «la edad de muchos etarras ratifica estas palabras».

Cuando las gentes del PP acusan al socialismo zapateril de falta de proyecto y de autonomía para aplicar sus criterios, cuando se dice que los socialistas están cayendo en el doble error de vivir mirando al pasado y de vivir del tópico, se dicen terribles verdades. Y no son sólo los socialistas. Partes enteras de la sociedad española han vivido voluntariamente de espaldas a la juventud y a su educación, dejándola, como en el caso vasco, en manos ínfidas y siniestras. Ahora pagaremos ese error.

España necesita una nueva juventud y una nueva educación, exigente, realista, vigorosa. Si Zapatero es aún capaz de acercarse a un adolescente vasco o navarro y cantarle las bondades de la LOGSE, allá él. Todos, incluyendo los estudiantes de los niveles más elementales, sabemos que España, en general, ha perdido diez años preciosos con una reforma estéril. El País Vasco, y en cierto modo Navarra, además, en esa misma vorágine, ha perdido decenas de miles de jóvenes, que fueron un día niños de mirada limpia y que son hoy o asesinos en potencia o drogadictos de uno u otro tipo.

Ha dicho Zapatero, coreado por los nacionalistas, que la reforma educativa es «franquista». Todos los países serios de Europa están promoviendo reformas similares, «que no son fascistas, salvo que se haya extendido el fascismo tanto por Europa que no nos hayamos dado cuenta», como ha dicho José María Aznar. ¿Qué quieren los nacionalistas? Más adeptos en el Mlnv, en Eta, y más Edurnes Uriarte huyendo de la educación vasca. ¿Y qué quiere Zapatero? Según parece, perder otras elecciones, haciendo además daño al futuro de España como país libre, unido y en paz. ¿Se lo dirá a los niños vascos que aún le escuchen?

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de febrero de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.