El problema de la identidad nacional

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de abril de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

Para que España siga viva, para que siga siendo una nación respetada de Europa, hay que llevar a la sociedad, empezando por las escuelas, una conciencia de identidad proyectada hacia el futuro.

España es una vieja nación del Occidente europeo. Los españoles viven juntos, compartiendo mucho más que un solar geográfico, desde hace milenios. El origen, la cultura y la historia unen al pueblo español de un modo total e innegable al menos desde la romanización, si no desde antes. Y la caída del Imperio romano aportó a España un nuevo elemento, la nobleza militar visigoda, y con ella la monarquía, y la independencia. Mucho antes de que surgiese el concepto moderno de “nación”, España ya existía, unida e independiente.

Estos hechos pueden hoy negarse, pero siguen estando ahí. Pueden no enseñarse en las escuelas, pero siguen siendo hechos. La diversidad regional de España es posterior a su existencia como sujeto histórico; las regiones, que son posteriores y no anteriores a la unidad, son el fruto acabado de ocho siglos de reconquista. Porque los españoles, en su lucha feroz por conservar su identidad (hispana, europea y cristiana), se organizaron políticamente en distintos reinos, de los que nacen las regiones.

También esto se niega: se niega que las regiones sean sólo formas confluyentes de interpretar lo español. Se niega que lo español sea parte total y unívoca de lo europeo occidental. Por negar, se niega todo. Pero lo hechos, tozudos, están ahí. Ahora, políticamente, por suerte o por desgracia, con los hechos crudos no basta.

Hace tiempo, Luis María Anson escribió que “una cultura marcha hacia el ocaso cuando ya no está inspirada por los impulsos de las épocas guerreras y religiosas, cuando no tiene ya la fuerza de la sangre y del honor.” La razón, los hechos que la sustentan, y en definitiva las explicaciones intelectuales no bastan. Un pueblo sigue existiendo en la medida en que sigue queriendo existir. Y con la negación del pasado y de la realidad de España se está llegando a un extremo peligroso: la ignorancia de los españoles puede llevar a la indiferencia por la identidad de su país. Por eso, para que el país siga vivo, para que siga siendo una nación respetada de Europa, hay que llevar a la sociedad, empezando por las escuelas, una conciencia de identidad proyectada hacia el futuro. Gran tarea para José María Aznar, para Pilar del Castillo y para quien les suceda.

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de abril de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.