En el País Vasco está agonizando la democracia

Por Pascual Tamburri Bariain, 12 de mayo de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

Juan José Ibarreche ha anunciado que convocará un referendum por la independencia vasca. No se sabe ni cómo ni cuándo, pero el simuláneo deterioro de Eta, la renovada kale borroka, el frente sindical nacionalista, las revelaciones sobre la financiación del terrorismo y la inconstitucionalidad de la Hacienda vasca han llevado la crispación a la calle. Mientras, los socialistas nadan y guardan la ropa. La pelota está en el tejado del Partido Popular. Que Aznar conteste a su propia pregunta ¿por qué no se aprobó antes la ilegalización de Batasuna?

El nacionalismo vasco, régimen antidemocrático

Hay una diferencia de fondo entre un Gobierno y un Régimen. Los gobiernos pasan, están hechos de personas, mientras que los regímenes duran mientras duren las instituciones que los conforman. Pues bien, más allá de la letra de la Constitución y del Estatuto, en el País Vasco hay un Régimen político diferente al del resto de España, y no es democrático.

Cuando los medios de comunicación hablan de la ilegalización de Batasuna suelen referirse a las dificultades de deslindar Eta de Batasuna y de sus infinitas organizaciones satélite – juveniles, culturales, feministas, deportivas, financieras o empresariales, entre otras. No cabe duda de que el llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco es un todo, una trama única y compleja.

Lo mismo sucede con el conjunto del nacionalismo. No se trata, bien es cierto, de que el PNV o EA tengan vinculación alguna con el terrorismo. Esto no sucede y por esa misma razón Batasuna puede ser ilegalizado y los partidos del nacionalismo oficial están más allá de toda sospecha. Pero sí funcionan según la misma lógica: mientras que los partidos democráticos se limitan a hacer política y a cumplir con las obligaciones institucionales que como mayoría o minoría les correspondan, los partidos nacionalistas consideran que las instituciones les pertenecen.

En la actual situación de tensión en el País Vasco y Navarra es grande la responsabilidad del nacionalismo oficial. Desde el poder, el PNV ha construido un embrión de Estado. Un niño vasco puede hoy perfectamente vivir toda su vida guiado, educado, entretenido, formado y adiestrado en el entorno del PNV, o del Gobierno Vasco – si alguien sabe dónde termina uno y empieza el otro. Como sucede en Eta-Batasuna, pero con más medios y sin bombas. Desde esa posición privilegiada – que se financia con fondos públicos – el PNV está jugando sus cartas más belicosas, con mucho riesgo y muy poca responsabilidad.

Hay que entender que el problema político del País Vasco no se está dirimiendo frente a partidos «normales», sino frente a amplísimos movimientos sociales que incluyen, entre otras cosas, partidos políticos. Al parecer esto ya se acepta en lo referido al MLNV-Eta; hay que recordar que el entramado PNV-Gobierno Vasco-Ayuntamientos es aún más omnicomprensivo.

Esta realidad totalitaria ya ha tenido una consecuencia en el caso de Batasuna: ahora es comúnmente sabido y asumido que para ilegalizar Eta hay que ilegalizar todas y cada una de las organizaciones de su entorno, cosa que ha empezado a hacerse incluso antes de la Ley de Partidos Políticos. Es más: dicha Ley, por sí sola, de nada serviría.

Pues bien, si convenimos en que para una normalización democrática en el País Vasco, para que éste complete su propia Transición, ha de ser posible la alternancia política y la permanencia del nacionalismo en la oposición, hay que llegar a una conclusión más. La alternativa al régimen sabiniano habrá de ser tan amplia y variada como lo es éste, y no podrá limitarse a una lucha entre partidos políticos. El esfuerzo del PP, de Unión del Pueblo Navarro y del socialismo democrático habrá de ser extraordinario, pero no sólo político.

El PNV es consciente de que, hoy por hoy, es social y culturalmente imbatible, ya que nadie le planta cara en ese terreno. En el mundo de la educación, de los sindicatos, de la cultura y de la vida cotidiana es donde el nacionalismo está acentuando en las últimas semanas su presión, tratando de aprovechar su fuerza para forzar avances en su «construcción nacional». Es una actitud impropia de una región autónoma de un país democrático, y revela que, de hecho, en el País Vasco no hay democracia.

Las libertades democráticas no pueden consistir en el hecho mecánico de depositar un voto en una urna cada cuatro años. Esa operación no garantiza que haya democracia, y es bien sabido que no pocas tiranías han empleado un maquillaje electoral. En el País Vasco no hay libertad para cambiar de régimen. En muchos municipios el régimen de hecho imperante es mucho peor que el de Franco. Para garantizar la libertad de los vascos y de los navarros, para que cese de aumentar la tensión social y política, el nacionalismo debe encontrar su merecida respuesta en todos los terrenos donde trata de avanzar pasos hacia la «autodeterminación».

Por Pascual Tamburri Bariain, 12 de mayo de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.