Las tanquetas de Atucha

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de mayo de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

El presidente del parlamento regional vasco, Juan María Atucha, ha realizado recientemente unas declaraciones informales en las que aludía a la fuerza armada, “las tanquetas”, como única manera de evitar la presencia de Batasuna en dicha Cámara y en los municipios vascos a partir de la Ley de Partidos Políticos. Hipótesis no deseable para el ilustre nacionalista, ni al parecer para ninguno de sus compañeros de partido.

Circula en el PNV, y entre sus socios, aliados e interesados simpatizantes, la idea de que sólo a través de medidas excepcionales se podría llegar a hacer efectiva la ilegalización de Batasuna y sus organizaciones complementarias. En determinados círculos políticos, no necesariamente nacionalistas, esta idea crea inquietud y miedo. La imagen ¿apocalíptica? de un Gobierno español aplicando la Ley, recurriendo a los medios constitucionales, es para muchos, no sólo correligionarios de Arzallus, una posibilidad peor incluso que el eterno enquistamiento del separatismo asesino.

Conviene en este punto precisar dos cosas generalmente olvidadas. Por una parte, no es ni mucho menos seguro que la Ley de Partidos Políticos lleve a situaciones extremas en el País Vasco y Navarra, si no lo desea expresamente el nacionalismo “democrático”. Por otra, es absolutamente falso que el empleo de las Fuerzas de Seguridad y de todos los mecanismos administrativos y legales por parte del Gobierno contra los adláteres de Eta vaya a reforzar o eternizar a ésta.

El miedo es libre, sobre todo cuando impera la ignorancia o la mala fe. España es una democracia sólidamente consolidada, que sufre un problema separatista muy añejo y sangriento. Combatir el terrorismo y eliminar sus causas por todos los medios legítimos no sólo es posible, no sólo no es un capricho de Aznar, sino que es su primera obligación. Si algo puede reprocharse al Partido Popular es que, gobernando desde 1996, con mayoría absoluta desde 2000, ha tardado años en dar ciertos pasos en la dirección marcada por su programa electoral, por su programa implícito y, sobre todo, por el interés nacional.

El miedo debe acabar. Eta también, al precio que sea, y con ella la dictadura nacionalista sobre la sociedad vasca. Si alguno de los poderes del Estado – y las Comunidades Autónomas lo son – no coopera e incumple sus deberes, habría de atenerse a las consecuencias. Es evidente que ni la Ley ni el mero empleo de la fuerza van a aniquilar la violencia nacionalista, cuyas raíces sólo serán arrancadas por una política amplia y duradera. Pero que nadie tema “las tanquetas”: éstas sólo pueden atemorizar a los interesados en la persistencia de Eta.

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de mayo de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.