Una solución (eco)lógica

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de agosto de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

Europa carece de una estrategia territorial coherente. En otro caso, la nueva regulación agrícola sería inexplicable. La PAC y su reforma se han hecho, una vez más, pensando sólo en compromisos políticos internacionales – apertura a las importaciones de transgénicos americanos y de productos del Tercer Mundo. La PAC y sus diseñadores pecan de un solo vicio, y éste es el economicismo: en el sector primario se ve en los despachos sólo un aparato productivo, en libre competencia con otros países y con otros sectores.

En la mentalidad de los gestores, la superficie agrícola y forestal es sólo una reserva de suelo para las ciudades y para sus necesidades crecientes de suelo urbanizable, de deslocalización industrial, de producción energética y de ocio consumista. Reducida a la impotencia la agricultura, la España interior, como gran parte de Europa, vendría a ser sólo una suma de parques temáticos, de basureros, de factorías contaminantes, de infraestructuras al servicio de la ciudad y de conjuntos histórico-artísticos con anejo campo de golf.

Se avecina un cambio radical. En diez años, si la reforma de la PAC se aplica en estos términos, desaparecerá la mitad de las explotaciones agrícolas. Una inmensa maniobra especulativa está llegando ya al campo español, en los términos descritos, sin ninguna consideración a las tradiciones, al medio ambiente ni a los actuales habitantes.

Tomemos como ejemplo el citado campo de golf. En la España seca, mantener una pradera de esa envergadura supone un consumo de agua equivalente al de una ciudad de 100.000 habitantes. Supone además reconvertir uno o varios pueblos de agrícolas en turísticos; los jóvenes no serán campesinos sino caddies y camareros. El mejor suelo agrícola será inutilizado, y el ecosistema completamente subvertido. Los pueblos que sobrevivan perderán su carácter rural para convertirse en club social, hotel y burdel perfectamente urbanizado, rodeado de autopistas, líneas de alta tensión, vertederos y eriales desertizados.

No es lógico, salvo en una lógica económica mezquina y a corto plazo. Si Europa ha de ser una realidad potente, autónoma y equilibrada, es suicida sacrificar a la cultura del beneficio el futuro del territorio y de los ciudadanos. No se puede asfaltar el mundo entero, no se puede importar los alimentos esenciales, no se puede renegar de todas las generaciones que nos han precedido. Hacerlo hará ricos hoy a algunos y desgraciados mañana a todos.

Tirso Lacalle

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de agosto de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.