Los amigos de España

Por Pascual Tamburri Bariain, 10 de septiembre de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

Un país, en siglos pasados, medía su importancia en el número y calidad de sus posesiones, así como en la entidad de sus enemigos. Cuando las viejas naciones europeas eran Estados plenamente independientes tenían una política propia de expansión, de defensa y de relaciones diplomáticas. Podían tener, o no, potencias aliadas, pero su existencia y su independencia no dependían de tales amistades.

Las cosas han cambiado. Según los viejos parámetros hoy sólo los Estados Unidos, y hasta cierto punto China, son países independientes. El resto de Estados, de independencia más o menos virtual, cifran su potencia exterior, en gran medida, en sus buenas o malas relaciones con otros países.

Y así es en el caso de España. España no es independiente en el sentido clásico del término. Nuestro país ha vivido durante dos generaciones a la sombra de Estados Unidos, en alianza desigual. No siempre ha sido una postura cómoda, pero no se han planteado alternativas. La Unión Europea abre nuevas posibilidades de potencia y de independencia para España, pero en su interior hay lugar, nuevamente, a amistades y enemistades.

Un país puede tener amigos por razones estratégicas, geográficas o geopolíticas. Y así, hasta el día de hoy, España ha sido en Europa amiga y natural aliada de Alemania. Puede serlo por razones de parentesco cercano y de cultura, como entre España e Italia ha sido habitual. O pro razones ideológicas y políticas: y ahí las cosas han variado mucho tan solo en los últimos cien años. La monarquía borbónica cultivó la amistad británica. La república burguesa se afrancesó radicalmente. El Frente Popular se sovietizó sin remedio. Y el franquismo osciló según la coyuntura.

Aznar tiene ante sí varias opciones. Puede seguir, como sus predecesores, en la estela del resquebrajado bloque franco – alemán. Puede rendir nuevo homenaje a la ahora decadente Gran Bretaña. O puede, por razones tanto geopolíticas como de afinidad y por supuesto de cercanía política, aproximarse a la Italia de Berlusconi.

No porque éste sea un personaje intachable y grato para todos, sino porque la derecha plural que gobierna en Italia es un modelo efectivo para una derecha española a la que no le sienta bien el centrismo mal digerido. No porque Italia, sola, pueda ser apoyo suficiente para los intereses españoles, sino porque tanto económica como geográficamente y doctrinalmente Italia es el vínculo necesario de España con una Europa posible de Estados nacionales libres y de solidaridades claras, con una identidad propia y sin temor al futuro. Una Europa que también pasa por Viena.

Por Pascual Tamburri Bariain, 10 de septiembre de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.