La ofensiva democristiana

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de octubre de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

Europa es un pañuelo. La crisis que ha experimentado en los últimos días el Gobierno italiano tiene sus reflejos, insospechados para algunos, en España. Y es que, guste o no, la coalición gubernamental de centro y de derecha en la Península hermana y el Partido Popular español tienen mucho en común.

Rocco Buttiglione y Pierferdinando Casini son aliados del primer ministro Silvio Berlusconi. Aliados, por cierto, no necesarios, ya que los tres grandes partidos coaligados – Forza Italia, Alleanza Nazionale y Lega Nord – disponen de una amplia mayoría absoluta en ambas Cámaras. Pero son tres partidos inequívoca e impúdicamente de derecha. Los democristianos, para los estrategas de la coalición, no tenían que aportar votos, sino sólo garantías de fidelidad democrática para tres líderes populistas como Berlusconi, Gianfranco Fini y Umberto Bossi.

Ha sido precisamente Bossi el causante de la crisis. Para el ministro, fundador de la Lega Nord, resulta intolerable la prepotencia de los políticos democristianos, que se creen únicos propietarios legítimos del poder, aun cuando su fuerza democrática es casi nula. Los democristianos ha mostrado, en Italia, una enorme capacidad para obtener una posición privilegiada mucho más importante que la que correspondería a sus escasos votos.

Más aún: los democristianos ha sido capaces de hacer olvidar sus errores, pasado si se quiere pero no muy lejanos. La Democracia Cristiana dirigió los Gobiernos de la corrupción y del desorden, del terrorismo y de la cleptocracia. Pusieron a Italia en trance de disolverse como nación y de ser gobernada por los comunistas. Y sin embargo, se permiten juzgar altaneramente los méritos democráticos de sus actuales aliados, que tienen los millones de votos y las soluciones de que ellos han demostrado carecer.

Como norma general, los democristianos son una especie a extinguir en Europa. El centrismo democristiano, al margen de otros méritos que puedan hallársele, ha demostrado su fragilidad doctrinal, su inconsistencia humana y sus debilidades financieras. Ningún partido democristiano ha gobernado con la firmeza que requieren estos tiempos. LA DC italiana, pese a sus prepotentes herederos, ha desaparecido y muchos de sus cuadros pasaron a la izquierda. La CDU-CSU alemana no es puramente democristiana. Y en España es mejor no recordar el balance político de la Unión de Centro Democrático, muy especialmente en sus exponentes democristianos.

Berlusconi controla la situación. La disidencia democristiana será acallada, sobre todo porque Casini y Buttiglione sosn parientes pobres, meramente ornamentales, en una coalición cuyo apoyo popular crece, cuya orientación política es clara y cuyo sustento parlamentario está de todos modos garantizado. Pero el aviso está dado: para los democristianos, lo primero son sus intereses. Los del país y los del Gobierno son secundarios.

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de octubre de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.