Nación, Europa y globalización

Por Pascual Tamburri Bariain, 12 de noviembre de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.

«Los valores nacionales son el anclaje necesario para afrontar el desafío de la globalización sin extraviarse y sin perderse en un cosmopolitismo carente de alma y de identidad». Así lo ha afirmado recientemente el Ministro italiano de Agricultura, Gianni Alemanno, comentando las extensas declaraciones del Presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, llamando la atención de la clase política de aquel país sobre la necesidad de preservar y cultivar la identidad nacional en el proceso de unificación europeo y en el mundo globalizado.

«El Presidente – ha añadido Alemanno – ha indicado a la nación que la memoria histórica, el amor patrio y la defensa de la unidad nacional no son sólo valores que vienen del pasado, sino que se trata de principios que deben ser reafirmados como puntos cardinales en la vida cotidiana de nuestro pueblo. Es extremadamente importante que (…) estos valores no se propongan sólo a quienes desde la derecha los han defendido siempre, sino a todos los ciudadanos más allá de toda división política».

En ningún país como en España este mensaje tiene valor en 2002. Los problemas de Italia son en gran medida similares a los nuestros, y ante todo uno, el de una clase política en parte más preocupada de sus propios intereses que del futuro del país en un contexto plagado de amenazas interiores y exteriores a la unidad, la dignidad y la identidad de la nación. Las palabras de Alemanno son perfectamente aplicables a nuestras propias miserias y grandezas nacionales, en esta coyuntura.

España, como Italia, se enfrenta a una tendencia disgregadora. Más fuerte y arraigada en nuestro caso, sin duda, pero igualmente presente. Ante las sombras y las dudas del futuro, muchas gentes de buena voluntad y algunos aprendices de brujo cultivan identidades nacionales alternativas y no complementarias de la vieja nación. Lejos de ser positiva, esta tendencia nos hace más débiles en Europa y en el mundo.

España, como Italia, ha de plantearse en breve qué Europa desea y qué identidad nacional preservará en ese momento. Y ha de hacerlo, además, contado con la más que probable deslealtad de la izquierda a la nación, demostrada reiteradamente en cada ocasión reciente. En Italia, como en España, hay gobiernos de centro y derecha, y la oposición izquierdista tiende a hacer oposición no sólo al Gobierno, sino frecuentemente a los intereses nacionales.

España, como Italia, duda ante la globalización. La apertura de mercados equivale para algunos a renunciar a la propia personalidad. Los intereses financieros e ideológicos entran así en contradicción con la realidad viva del pueblo. Una voz fuerte como la del ministro Alemanno se hace oír en medio de tanto desconcierto en Italia. A veces se echan de menos llamadas de atención de la misma entidad en esta otra Península.

Por Pascual Tamburri Bariain, 12 de noviembre de 2002.
Publicado en El Semanal Digital.