Prestige: propósito de enmienda

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Mijaíl Friedman calla. Pocos recuerdan su nombre. Sin embargo, él y sólo él es el armador del Prestige. Discutirán los expertos en Derecho marítimo el alcance de sus obligaciones, pero no puede dudarse de su plena responsabilidad moral, económica y hasta política en el horrendo desastre ecológico. No hay que buscar otras víctimas propiciatorias, que podrán ser más débiles pero que son con seguridad menos responsables. Friedman tiene una deuda con el pueblo español.

El capitán del buque deberá responder de su gestión técnica. Los astilleros en los que el buque fue reparado podrán explicar las razones de su fragilidad. Los aseguradores e inspectores no podrán obviar su confuso papel. Las autoridades de los puertos tocados antes por el Prestige tendrán que dar sus razones. Los políticos españoles tendrán que aprender de lo sucedido y habrán de dejarse de timideces y recatos impropios de una autoridad pública ante una emergencia. Pero ninguno de ellos es responsable de la catástrofe. Friedman sí lo es.

El ciudadano ruso posee una fortuna rápida y oscuramente acumulada. Es uno de los grandes beneficiarios de la caída de la Unión Soviética. Privilegiado como estudiante en el régimen comunista, lo es más aún como chacal de los negocios mafiosos en el nuevo régimen ruso capitalista. Los hombres como Friedman no conocen límites morales, es su meta es la riqueza y el poder. El dinero y las empresas de Friedman proceden de la explotación del pueblo ruso, de la delincuencia internacional y de los tráficos más sórdidos.

Friedman debe ser juzgado por los Tribunales españoles. Todo en el Prestige, desde su origen hasta su carga, era irregular. Y esa irregularidad no se debía al infortunio ni a la miseria, sino únicamente a la voluntad de gentes como Friedman de ser más ricas y poderosas a cualquier precio. Friedman tiene que depurar en España, en un contexto democrático, justo e inflexible, su responsabilidad civil y penal.

No debe olvidarse un nombre hasta que esto suceda. No importa si su fortuna le depara altas protecciones en Rusia. No importa si su origen le proporciona la tutela de Israel. Todos, de Rajoy a Zapatero, de Fraga a Llamazares, se deben al pueblo español, y ese pueblo tiene derecho a la verdad. Y es la ocasión, además, de tender una mano fraterna al pueblo ruso, a las puertas de Europa, que ha soportado en sus carnes tantos Prestiges. Es de justicia.

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.