Socialismo es … lo que convenga que sea.

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Dicen los que saben de estas cosas que Alfredo Pérez Rubalcaba ha logrado introducir en José Luis Rodríguez Zapatero y en su equipo de asesores una idea básica: la distinción entre asuntos de Estado, en los que es posible y deseable el consenso con el PP, y temas de Gobierno, en los que la oposición constitucional puede discrepar y hacer política contra el Ejecutivo.

Si es así, el PSOE ha avanzado bastante desde los tiempos del GAL, que coincidió con los grandes robos de Estado y con un absoluto desprecio por la opinión de la derecha española; y mucho también desde los últimos años, en los que todo parecía bueno para reconquistar la Moncloa, aquel paraíso perdido. Rubalcaba acepta, cosa que Felipe González no termina de hacer, que Aznar venció en 1996, y que para recuperar el poder el PSOE debe cambiar.

El gran problema es ahora saber qué temas son de Estado y qué temas son debatibles. No hay que engañarse y pensar en el PSOE como en una acrópolis de espíritus puros, y desde luego el criterio de las gentes de Zapatero sigue siendo el de siempre: todo vale contra el PP. Pero, sutilmente, algunos se han dado cuenta de que una imagen de responsabilidad y de firmeza en temas de Estado es electoralmente rentable, y de ahí los intentos de dar una imagen respetable de un diputado leonés que no hace mucho pululaba por las aulas de aquella Universidad disfrazado de modo estrafalariamente progre.

Zapatero merece a menudo la conmiseración de sus propios adversarios. El líder de la oposición duda, duda eternamente, y su partido, dividido en todo salvo en el odio y en la codicia, no ayuda mucho a resolver esas dudas. Lo que para unos es sagrado indiscutible no lo es para otros, y esto no hace las cosas fáciles en Ferraz. Para unos la política económica del PP es asumible y de cualquier modo la única posible, para otros es inaceptable. Para unos la política internacional es asunto de Estado, pero otros tratan de aprovecharla a efectos internos.

Donde este desorden socialista es más evidente es en lo relacionado con la unidad nacional y la lucha contra el terrorismo nacionalista. Hay muchos dirigentes socialistas que se afirman españoles, lo son sin duda y hacen de la unidad del país un eje indiscutible de acuerdo con el Partido Popular. Objetivamente, por bien de todos, así han de ser las cosas. Pero otros no lo tienen tan claro. No nos referimos aquí sólo a los Maragall y los Elorza, que al menos tienen el mérito de no ocultar su hostilidad a la idea misa de España. El problema radica en los socialistas que, sin otra razón que su medro electoral y personal, están dispuestos a romper el consenso de Estado en política antiterrorista y antiseparatista. La izquierda española en una parte importante, si no hostil, sí es ajena a la idea de nación, y sobre esas bases ni cabe trazar a política de Estado ni hay que soñar con una vida pública serena. Y eso que las encestas, hoy por hoy, mantienen a Zapatero lejos de la Moncloa. Ojalá ponga orden en su casa antes de ese lejano día.

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.