España, única «nación histórica»

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

El presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, ha hecho estallar el polvorín mediático con sus declaraciones sobre las denominadas «comunidades históricas». «La distinción primera entre comunidades históricas y no históricas ha desaparecido: eso es todo, no he dicho nada en contra de nadie, he descrito lo que ocurre hoy».

En efecto, el ilustre jurista tiene razón, tanto en términos de su ciencia como en términos políticos. En 1978 se creó un neologismo a efectos constitucionales, la «nacionalidad», y un concepto legal muy contingente, las «nacionalidades históricas». Se trataba de dar rápidamente paso a la autonomía en las regiones que ya habían iniciado procesos autonómicos antes de 1936 (Cataluña, País Vasco y Galicia).

Era una necesidad de 1978, que tuvo su momento y cumplió su cometido. Pero las cosas han cambiado desde entonces. No tiene sentido crear discriminaciones entre los españoles en función de lo que sus abuelos hicieron o no hicieron antes de la guerra civil. En ese sentido, perpetuar una casta de regiones «históricas», con más derechos, es plenamente inconstitucional además de inmoral y absurdo. Así, Jiménez de Parga ha recordado que en varias comunidades las leyes ya han recogido la definición legal de «comunidad histórica». Por ejemplo, Asturias, Cantabria, Aragón o La Rioja.

Es hora de afirmar evidencias, ya que algunos las niegan. Primera evidencia: como región o comunidad, nadie puede pretender que el País Vasco sea más «histórico» que Castilla, Aragón o Navarra, por ejemplo. Esto si damos al adjetivo un significado amplio, que le corresponde al decaer la transitoria adjetivación constitucional. Cada región tiene su origen en un momento de la historia de España. Unas nacen en los inicios de la Reconquista – no antes -, otras ven la luz como tales a finales del siglo XX. Todas son históricas, aunque no todas por igual. Todos los españoles, al margen de esta circunstancia, son iguales ante la Ley.

Segunda evidencia que niegan con furor los detractores de Jiménez de Parga: España es una nación, la única nación de todos los españoles. Las regiones, aunque se llamen «nacionalidades» en un intento patético de atraer simpatías nacionalistas a una Constitución que los nacionalistas no defienden más que cuando les interesa, son sólo regiones. No se trata de crear un nacionalismo español, fuera del tiempo, sino de algo tan sencillo como defender la verdad. España es una nación, y las «nacionalidades históricas» son regiones que forman parte de ella. «El hecho de que se diga de que una comunidad tenga un pasado histórico no debe ser motivo para que nadie se ofenda, sino que reconozca lo que es una realidad». He ahí el problema: que las identidades colectivas del pueblo español se construyan desde realidades y no desde el odio verdad.

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.