Navarra y el País Vasco: en España, con Europa

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

«¿Qué es la patria? La tierra en que sesenta generaciones trabajaron por nosotros». Así respondía a una de las grandes cuestiones de nuestro tiempo un español del siglo XIX, el católico Antonio Aparisi y Guijarro. Su respuesta, aunque sea ampulosa para nuestro gusto, no es absurda, y contiene mucho de verdad. Los individuos no nacen aislados, sino como miembros de comunidades permanentes cuya identidad e intereses comparten radicalmente: la familia, la comarca, la región, la nación, y éstas a través de los años y de las generaciones. Pues bien, teoría política aparte, las cosas no han cambiado mucho. Aún hoy, puesto el sol sobre los grandes nacionalismos, hay españoles que matan y otros que mueren por la patria.

Ahora, no todas las patrias son iguales. En la patria, como se ve, hay un elemento subjetivo – la filiación, la devoción, el amor, el patriotismo en fin – y otro objetivo – la existencia misma del sujeto amado. Pues bien, tenemos en España dos tipos de patriotismos. Hay, en efecto el patriotismo de los que mueren defendiendo y amando una patria que objetivamente existe y es la suya, el patriotismo de los concejales, de los policías y militares. Y hay también el patriotismo, no menos sincero, no menos sentido, que es el de los que matan, y seguramente están dispuestos a morir, por una patria que objetivamente no es tal.

El drama de los nacionalistas vascos – y de los catalanes, y de los que vengan detrás – es que son patriotas admirables y fervorosos de unas realidades queridas, respetables, milenarias a veces, entrañables siempre – las regiones de España – pero que ni son «patrias» en el sentido tradicional de un Aparisi, ni son o serán jamás «naciones» en el sentido de Renan. Patriotas sin patria, nacionalistas sin nación. Pero estériles derramamientos de mentiras y de sangre.

El jueves 30 de enero se presentará en Pamplona una declaración pública redactada por Víctor Manuel Arbeloa (socialista) y Jaime Ignacio del Burgo (popular). Ambos lo han sido todo en la política navarra. El título de su declaración «Por Navarra, en España, con Europa». En el horizonte, un camino para romper el estancamiento que padece la relación entre España y sus regiones más conflictivas. Y Navarra, por una vez, puede servir de pauta para salir del círculo vicioso en el que se mueve especialmente la política vasca y catalana en las últimas décadas.

Navarra es una región de España, posterior en el tiempo e inferior en dignidad sólo a la nación misma. Navarra ha participado con gloria y dolor en la vida de España. Y nadie como los navarros ama su región y se siente partícipe de su identidad colectiva regional. Pero nadie sueña en convertir Navarra en patria o en nación, lo que nunca fue. Es posible el mayor amor por la propia región sin desmerecer del amor y la reverencia por la patria común e indivisible de la que habla la Constitución. Si el patriotismo hipertrofiado y desviado que el nacionalismo ha fomentado en otras regiones periféricas encuentra, además de inflexibles barreras institucionales, un cauce para ser parte del patriotismo español, estaremos en vías de solucionar este nefasto legado del siglo XX.

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de enero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.