Proteccionismo, interés nacional y demagogia socialista

Por Pascual Tamburri Bariain, 11 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

El presidente Lula da Silva es un hombre de izquierdas, nadie lo duda. Un progresista bien visto desde la socialdemocracia hasta los más rancios grupúsculos estalinistas. Un personaje políticamente correcto, teñido además de retórica antinorteamericana y antiglobalizadora.

Lula acusa a Europa de los problemas económicos de Brasil y de otros países por su “proteccionismo”. Y toda la izquierda da por buena la versión de Lula: los límites puestos por Europa a la importación de productos brasileños, especialmente agrícolas, son un freno al desarrollo de Brasil y a su salida del círculo vicioso del hambre y de la pobreza.

Lo que es más: las conclusiones progres sobre el caso brasileño se suelen extender alegremente al conjunto de relaciones entre Europa y los países de un indefinido “Sur”, que sería la víctima eterna e inerme de un “Norte” capitalista, explotador y egoísta. Para la izquierda antiglobalización, en suma, es la existencia de barreras en el comercio internacional una de las causas de la pobreza en el mundo.

La debilidad lógica de la ecuación es patente: si la globalización es causa de pobreza, habrá que suprimir la globalización. Suprimiendo las fronteras y las barreras arancelarias se logra una mayor globalización, y por consiguiente más pobreza. Sólo el Estado – Nación, con sus fronteras definidas y su plena soberanía, es creador nato de riqueza, hoy por hoy.

No hay que pedir a la izquierda coherencia. Desde mucho antes del fracaso soviético, ser de izquierdas es cuestión de fe, por un lado, y de odio entreverado de envidia, por otro. La izquierda no está contra la globalización, así como no lo está Lula da Silva. La izquierda está en contra de la manera en que se hace esta apertura mundial del comercio y de la circulación de trabajadores. Si se aceptan los mitos culturales de la izquierda, la izquierda muestra su rostro fervientemente globalizador.

España ha experimentado el proceso completo en sus carnes. Nuestra frontera meridional está abierta a exportaciones masivas marroquíes, que anuncia una apertura total que Marruecos reclama. Se calcula que las concesiones agrícolas a Marruecos supondrán la desaparición de mil empresas agrícolas sólo en la región de Murcia. La izquierda, que aclama a Lula y su “globalización alternativa”, ha callado. Como siempre.

Por Pascual Tamburri Bariain, 11 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.