La paz de Aznar

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Se ha dicho, y se ha escrito, que la guerra es el fracaso de la razón. Pero la realidad se impone: el hombre no es enteramente racional, y las guerras seguirán acompañando trágicamente la aventura humana. La guerra que probablemente estalle en Mesopotamia no es diferente a muchas otras que ya han existido. Se va a llegar a ella por una compleja suma de factores, políticos, económicos, diplomáticos, étnicos y psicológicos. Estados Unidos, con el aval de buena parte de la comunidad internacional pero sin un consenso general, va a atacar el Irak de Sadam Hussein con intención de anular su capacidad militar, de controlar su potencia petrolífera y de modificar a largo plazo el equilibrio de fuerzas en aquella región.

Estos son los hechos. Frente a ellos, caben a grandes rasgos dos actitudes. Una, éticamente loable, estéticamente delicada pero prácticamente estéril, consiste en negar la realidad y actuar como si Estados Unidos -el imperio- dependiese de alguien para tomar decisiones de guerra y de paz. Otra, puramente realista, parte de una aceptación de la realidad para lograr desde ésta objetivos concretos y posibles.

José María Aznar es un político realista. Sabe que ni España ni Europa, en las actuales circunstancias, pueden evitar que George Bush haga su voluntad. Por lealtad a la palabra dada y sobre todo por interés del país apoya a Estados Unidos. Pero no lo hace como un cipayo a sueldo, sino con un plan de paz que viene desplegando en las últimas semanas; un plan de paz que coincide con los objetivos internacionales de España, aunque circunstancialmente -y mal explicado- no sea del agrado de muchos españoles.

La paz de Europa, que a largo plazo será la de Aznar, tomará en consideración no sólo el problema iraquí, sino el conjunto de la situación. Por consiguiente, si se trata de impedir amenazas contra la paz en Oriente Medio, la solución de la cuestión de Irak ha de ir unida a la solución del problema palestino: no habrá paz posible sin Estado palestino, e Israel lo sabe aunque no lo acepte aún.

Y no sólo es el problema palestino. Si Irak, como Israel, ha acumulado armas de destrucción masiva y ha ocupado ilegítimamente territorios extranjeros, violando los derechos humanos, es la ocasión de acabar con estas cuestiones también en otros lugares. Es interés de España, por ejemplo, que todos los “territorios ocupados” sean liberados: no sólo la Cisjordania de Israel, como ayer el Kuwait de Irak, sino también el Sahara de Marruecos y el Chipre de Turquía. El mundo musulmán puede aceptar, tras la guerra, una paz justa como la que está esbozando la troika Aznar-Blair-Berlusconi. Sería la paz de los realistas frente a la palabrería de los demagogos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.