Don Rodrigo, don Oppas y los frentes de la guerra

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Quienes cursaron el Bachillerato antes de las reformas socialistas saben que en 711, cuando desembarcó en España el primer contingente musulmán invasor, el rey Rodrigo estaba muy ocupado sofocando la rebeldía de los partidarios de Witiza. Cuando Tarik ben Ziyad acampaba ya en Andalucía, los godos se debatían en querellas internas y el rey estaba en Pamplona. En la batalla decisiva, en fin, el traidor Oppas desertó del ejército español dando la victoria al enemigo.

Decían los clásicos que la historia es maestra de la vida. José María Aznar no es un rey visigodo, pero puede encontrarse en la triple y terrible tesitura de tener que afrontar una rebelión interior, en el Norte, de combatir una guerra, en el Sur, y de verse abandonado por quienes más obligados estarían a apoyarle.

España se enfrenta a una guerra. Querida o no, injusta o no, va a haber una guerra y nos va a afectar. Incluso si no participamos en nuestras fuerzas, y probablemente más si no lo hacemos. Guerra pues, y guerra no tan lejana como se pretende, porque son intereses nacionales los que se debaten. Además España tiene una frontera con el mundo musulmán, además de una creciente minoría musulmana.

Aznar no puede contar con la colaboración de los nacionalistas periféricos. Especialmente el nacionalismo vasco va a aprovechar la coyuntura bélica para sacar pecho y para seguir adelante con su proyecto independentista. Al «frente Norte» habrá que dedicar tiempo y recursos que serían muy oportunos en otros asuntos.

Pero también hay que recordar a don Oppas. La oposición izquierdista quiere que Aznar se debilite en la coyuntura militar, sin importar que esa debilidad es la debilidad de España. Como don Oppas, anteponen su interés de partido al de la nación. Nadie puede ocultar la gravedad de la situación.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.