El raro don de la profecía política

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Las encuestas del siglo XXI son como los augurios del siglo III antes de Cristo: prevén el futuro, su interpretación depende de los gustos del interesado y no comprometen a nada. Son, además, objeto de una devoción casi religiosa por parte de los periodistas mal informados y de los políticos profesionales. Al fin y a la postre unos y otros viven de la opinión pública.

Dicen ahora las encuestas -algunas encuestas- que el PP está descendiendo en intención de voto; dicen también las encuestas -algunas encuestas- que José Luis Rodríguez Zapatero es el líder político mejor valorado, y que el PSOE puede ganar las elecciones municipales de 2003 y las generales de 2004, de seguir así las cosas.

Para la izquierda, las encuestas se están convirtiendo en el centro de una nueva religión, cuyo templo es «El País» y cuyo profeta ha pasado a ser Pedro J. Ramírez. Una religión basada en la fe en la victoria, una religión milenarista y cargada de esperanza para muchos. En muchas sedes socialistas se están ya repartiendo los cargos y prebendas de un poder que, en opinión de Felipe González, sólo por error ha detentado provisionalmente José María Aznar.

Ejercer de profeta es un mal oficio. Sucede muy a menudo que los augurios, y las encuestas, pueden interpretarse de muchos modos, y terminan volviéndose contra quien organiza sobre ellas su quehacer político. Las encuestas no reflejan políticamente la voluntad del pueblo, y en actual estado de cosas hay que esperar a las elecciones en sí mismas para saber qué traerá el futuro.

Sin embargo, tanto estas encuestas como las precedentes constituyen un aviso para el partido Popular y uno o menos grave para la izquierda. El Partido Popular debe ser consciente de que no basta cumplir promesas y programas, pues el pueblo necesita ser informado y pide imágenes y gestos claros. Para Aznar es sencillo corregir errores recientes: basta dejar que su partido sea él mismo y que no abandone su estilo y su programa profundo. Para el Partido Socialista el aviso es más grave: si de nuevo vende la piel del oso de Quintanilla sin haberlo cazado puede llevarse el zarpazo más grave de su historia democrática.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de febrero de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.