La hora de la agricultura europea

Por Pascual Tamburri Bariain, 8 de abril de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Sin una sólida base rural, Europa seguirá siendo incapaz de ser más que una alianza comercial. Si alguien quiere otro papel para Europa, el momento de demostrarlo es la reforma de la PAC.

Las bombas siguen cayendo en Bagdad, para recordar, entre otras cosas, que la Unión Europea no es aún una realidad política. Europa no ha sido capaz de ofrecerse como alternativa al orden mundial de Estados Unidos, y ni siquiera ha tenido la consistencia de adoptar una postura única. Hoy por hoy, la Unión Europea no es el bloque geopolítico, militar, diplomático y sobre todo moral que podría ser.

La U.E. es poco más que una sociedad anónima para gestionar ciertos intereses económicos y comerciales. Quince socios hoy, treinta y cinco tal vez en el futuro, se reúnen en torno a una mesa para repartir cuotas de producción y subvenciones mientras los destinos del mundo y del propio Continente se deciden en otras latitudes. Europa, todavía, no tiene voluntad ni capacidad de ser más que un club comercial.

En estas fechas, por otra parte, Europa decide su futuro como proyecto económico. Si salva con éxito el examen, podrá pensarse en su porvenir político y militar. Si el fracaso se hace extensivo a la dimensión primaria de la Unión, ésta estará tan muerta como la ONU y habrá que pensar en soluciones alternativas. La cuestión es esencialmente una: al definir su nueva política agraria común, Europa va a escoger entre seguir siendo un club oligárquico de países ricos o, alternativamente, tener una voz, un carácter y un estilo propio en el mundo.

En las últimas décadas se ha producido en Europa una inversión de valores. Mientras en nuestro orden tradicional la base de la vida social -y hasta el siglo XVIII de la economía- era la agricultura, seguida de los demás sectores productivos, la Unión Europea ha evolucionado con un criterio puramente mercantil. La política agrícola de la U.E., con la pretensión de modernizar la agricultura y la ganadería, ha acabado con la milenaria base campesina de Europa. Su actual proyecto de reforma, profundizando en esa línea, convertirá la agricultura en el campo de acción exclusivo de grandes empresas, con fuerte capitalización tecnológica.

Socialmente, económicamente, el campo europeo se eclipsará. Y, a corto plazo, sin la sólida base moral de un mundo rural pujante, Europa seguirá siendo incapaz de ser más que el consejo de administración de unos cuantos países ricos y opulentos. Si alguien quiere otro papel para Europa, el momento de demostrarlo es la reforma de la PAC.

Por Pascual Tamburri Bariain, 8 de abril de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.