La paz y la importancia política de las palabras

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de abril de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Todo imperialismo crea e impone sus propios conceptos. La «paz» del PNV son las nueces del árbol sacudido por Eta. La verdadera paz implica la desaparición de todo independentismo.

«Caesar dominus et supra grammaticam»: el emperador también reina sobre la gramática. Todo imperialismo crea e impone sus propios conceptos, sea acuñando nuevas palabras para ellos sea otorgando a palabras ya existentes nuevos significados. Desde sus albores, la humanidad es consciente de esto: quien tiene el auténtico poder está en situación de establecer en su ámbito el sentido de cada palabra, de cada institución y de cada término.

No hace falta una elevada formación como politólogo ni como jurista para comprender que, por el contrario, quien niegue o rechace un determinado poder soberano habrá de rechazar también sus construcciones verbales, jurídicas y hasta míticas. Y en esa batalla profunda de soberanías se debate hoy el País Vasco.

El nacionalismo vasco, es sabido, se basa en una serie de mitos que fundan y dan sentido a la comunidad nacionalista. Esos mitos son intelectualmente endebles, pero socialmente muy operativos, y desmontarlos será tarea de una generación en caso de ser drásticamente derrotado el proyecto independentista. Pero el nacionalismo vasco, en su carrera hacia la soberanía, ha dado ya importantes pasos fuera del mito. Tímidos pasos jurídicos, con la desvirtuación de determinadas instituciones que no pasan de ser órganos periféricos del único Estado español. Graves pasos semánticos, que han penetrado inconscientemente y con vigor incluso en las filas de sus más encendidos enemigos políticos.

Una gran parte de la movilización social contra el nacionalismo y contra su terrorismo se ha hecho en nombre de la «paz». A la consecución de la paz todo se subordina, a fin del río de sangre todo se hace posible. Pero ¿de qué paz estamos hablando? ¿Es la paz que invocan los amenazados concejales españolistas la misma paz que el PNV despliega en su riquísima propaganda preelectoral?

La paz del PNV son las nueces del árbol sacudido por Eta. Si la independencia es posible, dice el nacionalismo, terminará el terrorismo, y habrá paz. ¿Habrá paz? Si la paz es sólo la desaparición de Eta, sí. Pero si despejamos las brumas léxicas del nacionalismo no se trata de paz sino de un fraude en toda regla. Pues, en efecto, si aceptamos para la palabra «paz» el significado que todo el nacionalismo quiere darle y muchos tontos útiles y compañeros de viaje aceptan concluiremos que sólo la independencia traerá la paz. Lo que es falso. Es necesario desarraigar este embrión de soberanía nacionalista. Sólo el fin del nacionalismo y la absoluta imposibilidad de la independencia traerán la paz.

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de abril de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.