La “revolución Aznar” del centroderecha español

Por Pascual Tamburri Bariain, 28 de mayo de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

España ha vivido una decadencia de siglos y, dentro de esa decadencia, una guerra civil continua que empezó con la invasión francesa de 1808 y culminó en la carnicería fratricida de 1936. A lo largo de tantas décadas, nuestro país asumió un papel subordinado en la esfera internacional y aceptó incluso la injerencia de naciones extranjeras en la Península.

Una de las manifestaciones más dramáticas de esta inferioridad efectiva fue el peculiar sistema de partidos políticos. La izquierda española se definió a sí misma como fuerza revolucionaria, agente de cambio, introductora de todas las novedades en el debate político. La iniciativa política ha correspondido durante dos siglos a la izquierda, porque la derecha permaneció largo tiempo anclada en el mito incapacitante de la contrarrevolución. La contrarrevolución, ya para De Maistre -seguido por los pensadores derechistas españoles- era la esencia del programa, una mera, aunque elaborada y muy justificada, reacción a las iniciativas de la izquierda. La misma aceptación de los términos “izquierda” y “derecha” es una concesión a la primera.

Una fuerza política a la defensiva se coloca por necesidad en los márgenes de la sociedad. Y así, la derecha española renunció durante más de un siglo a la propuesta, contentándose con la protesta, dejando el control del discurso cultural a sus rivales; y, por otro lado, éstos se hicieron pronto con el control de todas las fuerzas renovadoras de la sociedad.

Evidentemente muchos pensadores “de derechas” han advertido de la inutilidad de esta posición, y han expresado la necesidad de situarse en el centro de la sociedad y de dirigir la evolución de la vida pública desde los valores propios de ese entorno político. Pero las intuiciones de los Donoso, los Maura o los Ortega fueron sucesivamente frustradas por los Narváez y los Canovas.

Aznar representa, en el terreno español de las ideas, una novedad importante. Una derecha sin complejos, que asume la modernidad sin miedos, y que, lejos de sufrir resignadamente los cambios, es agente de los mismos. Una derecha de valores -atención a esto-, pero una derecha capaz de relegar por largo tiempo a la izquierda, sin valores y sin ideas, a la marginalidad cultural y social. Si alguien lo llama “centro reformista” es libre de hacerlo, pero representa la culminación fructífera de muchos esfuerzos y la solución de muchos errores. Cuando Aznar se retire de la Moncloa, esta obra seguirá en pie.

Francisco Vime

Por Pascual Tamburri Bariain, 28 de mayo de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.