El extraño caso del ex ministro desaparecido.

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de junio de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Los ministros – florero, aparte de curar complejos frente a la izquierda, no aportan demasiado. Y a largo plazo, como demuestra la reaparición de Pimentel, pueden crear problemas graves.

Asumir un alto cargo en un Gobierno implica muchas cosas. Ante todo, constitucionalmente, la confianza personal del Presidente investido por las Cortes. Por supuesto, el respeto a la letra y al espíritu de la propia Constitución, que no en vano se jura o se promete. Pero también lealtad personal para con el Presidente y para con los demás miembros del Gobierno. Sin duda, también, un compromiso, a través del programa del Gobierno y del partido que forma éste, con los electores.

La política, entendida en el sentido más elevado, es una acto de servicio a la comunidad. España, como todas las naciones de su entorno, necesita una clase política moderna, eficaz, entregada a un proyecto ampliamente compartido. Que esa clase política tenga que ser bien pagada y recompensada es algo que nadie discute; pero también es cierto que el pueblo tolera mal que se le engañe, que se viva a su costa, o que determinados proyectos personales y políticos crezcan a la sombra de la voluntad popular si recibir nunca el refrendo directo de ésta.

El caso del ex ministro Pimentel es digno de mención. En los últimos días ha presentado su propuesta de «centro» para intervenir a medio plazo en la política andaluza. Se trata de un caso evidente de deslealtad. Porque Manuel Pimentel fue un aditamento centrista en la primera legislatura popular, sin verdadera raigambre en el PP. No fue un ministro auténticamente eficaz, como se ha visto por la evolución posterior de la grave cuestión migratoria, que paso por sus manos. No ha sido tampoco un ministro que haya dado votos a Aznar, sino que, en todo caso, puede habérselos restado de su electorado tradicional.

Y es que no es «centro» todo lo que reluce. Si el PP hace política de Estado, sin pensar en los caducos conceptos de izquierdas y derechas, gana consensos en detrimento de todos los demás partidos. Si lo hace desde su ideario fundacional, conserva su base sociológica y además es capaz de lograr mayorías absolutas. Los ministros – florero, aparte de curar absurdos miedos escénicos y complejos frente a la izquierda, no aportan demasiado. Y a largo plazo, como demuestra la reaparición de Pimentel, pueden crear problemas graves.

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de junio de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.