El centro de Aznar, propuesta permanente

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de junio de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Frente a Aznar no se alza la revolución, sino los restos reaccionarios de los naufragios del siglo XX, la «izquierda reaccionaria» de la que se empieza a hablar.

En las dos últimas décadas del siglo XX, con el fin del bloque soviético -que no del comunismo, pues éste sigue vivo en los Castros y en los Llamazares-, se hundieron todas las viejas seguridades políticas. La izquierda perdió su apariencia de legitimación y su razón de ser, bajo el peso de un fracaso estrepitoso y de unos crímenes horrendos en el Este y de una corrupta ineficacia en el Oeste. La vieja derecha, entendida ora como baluarte de ciertos intereses económicos, ora como mera reacción contrarrevolucionaria, también dejó de tener sentido.

Izquierdas y derechas siguen vivas en el lenguaje cotidiano del pueblo, y siguen presentes en los discursos de los políticos, más como arma ofensiva -en general desde la izquierda- que como propuesta. Pero a nadie se le oculta que estas dos categorías, nacidas en el siglo XVIII, extendidas en el XIX, agotadas en el XX, no sirven ya para la vida pública del siglo XXI.

Los inicios del nuevo siglo están asistiendo a nuevas definiciones políticas, que poco tienen que ver con los viejos clichés. Ni izquierdas ni derechas sobrevivirán a la actual generación de políticos, ya que ni siquiera el empleo maniqueo de estos términos por la progresía cultural podrá superar el choque con una realidad cada día más compleja y cambiante. Ante el terrorismo, ante la crisis de Iraq, ante la situación económica o ante el uturo de España como nación libre y soberana se han formado frentes y coaliciones ajenas por completo a las viejas etiquetas. Lo ha recordado, y no ha sido el primero, José María Aznar en su discurso ante el parlamento.

Aznar es, en efecto, consciente de esto. Su «centro reformista» no supone la existencia de una derecha -que nadie reivindica fuera del PP- ni de una izquierda -de la que pocos hablan sin avergonzarse íntimamente-. Tampoco se trata de reeditar las viejas componendas democristianas y pasteleras, porque el partido de Aznar no es ni el de Aldo Moro ni el de Alejandro Lerroux. La etiqueta es confusa e imprecisa, pero ese «centro» es una propuesta amplia y en vías de definición, una apuesta realmente constructiva y respetuosa de las identidades nacionales y populares. Frente a él no se alza la revolución, sino los restos reaccionarios de los naufragios del siglo XX, la «izquierda reaccionaria» de Horacio Vázquez-Rial. Aunque sólo fuese por eso habría que seguir con atención las aportaciones que Aznar haga al debate, dentro y fuera de la Moncloa.

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de junio de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.