Paz y seguridad para Palestina y para Israel

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

En nombre de los pueblos cristianos, los Papas han solicitado reiteradamente la internacionalización de Tierra Santa o de parte de ella. Puede ser parte de una solución justa. Y europea.

Pío XII, el Papa más ascético del turbulento siglo XX, inició su reinado en 1939. Un año de terribles pruebas, con una guerra mundial en sus inicios y con grandes catástrofes pendientes sobre el mundo, y en especial sobre Europa. No por casualidad, Eugenio Pacelli eligió como lema de su pontificado “Opus iustitiae pax”: la paz es fruto de la justicia. O lo que es lo mismo, sin justicia no hay verdadera paz .

Independientemente de la valoración histórica que Pío XII merezca a unos y a otros, lo que era válido para evitar y sanar la Segunda Guerra Mundial -que los contendientes no quisieron o no pudieron evitar y sanar- sigue siendo válido para todos los conflictos posteriores. Incluyendo uno de los más antiguos, de los más complicados, de los más sangrientos: el ciclo bélico iniciado con el proyecto, hoy realidad, de crear un Estado judío en Palestina .

Decía Pío XII ante una Europa ensombrecida que “el alma de una paz digna de ese nombre no puede ser sino la justicia, que, con medida imparcial, da a cada uno lo suyo a todos exige aquello a lo que están obligados. La justicia no da todo a todos, pero da a todos amor y a ninguno hace agravio. La justicia es hija de la verdad y madre de libertad sana y de grandeza segura”. Israel es hoy una realidad, y nadie discute en Occidente su derecho a existir como Estado libre e independiente dentro de fronteras seguras reconocidas internacionalmente. Israel tiene el derecho, y también el deber, de vivir en paz, y esa paz debe ser fruto de la justicia.

En un Oriente Medio igualmente ensombrecido, hoy, no está de más recordar los esfuerzos por la paz de Pío XII y de sus sucesores. La guerra dura ya seis décadas y ha tenido millones de víctimas. En ella se están empleando medios que la vieja Europa rechazó como contrarios a la civilización: el terrorismo por una parte, los asesinatos selectivos, contra las tradiciones y leyes de la guerra, por otra, el chantaje y la amenaza de hecatombes por ambos lados. No hay paz, porque no hay justicia. Mientras dure la guerra, es preciso humanizarla; y cuando termine, ha de ser a la luz de la verdad y de la libertad .

En nombre de los pueblos cristianos, los Papas han solicitado reiteradamente la internacionalización de Tierra Santa o de parte de ella. Puede ser parte de una solución justa, que de su hogar a los millones de palestinos que lo han perdido, que de seguridad a los millones de judíos que viven enclavados en una estrecha franja de tierra; que respete la identidad de todos y la paz del mundo, pasando por encima de la fuerza y de los intereses contrapuestos. Europa -la Europa cristiana- tiene algo que decir .

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.