Las lecciones de la guerra y de la guerrilla

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

La guerra es terrible, es un mal en sí misma. Y en esto no hay ni muchas dudas ni muchas discrepancias, a la luz de los últimos cien años. Eppur si muove. Sin embargo, existe. Es una realidad de ayer, de hoy y de siempre. Se puede regular, se puede tratar de evitar, se puede intentar humanizar, pero desde que el hombre es hombre y mientras lo siga siendo habrá violencia en las relaciones entre tribus, entre naciones, entre Estados.

Se plantea en nuestro tiempo un debate aún más interesante ¿Es compatible la guerra con la existencia de una sociedad política y económicamente libre, es decir, con una democracia liberal parlamentaria? Durante un año Estados Unidos ha defendido que sí, que en efecto la democracia puede hacer la guerra en defensa de sí misma. Durante un año algunos países europeos, aceptando esa premisa, han negado que el conflicto iraquí reuniese las características necesarias. Durante un año la izquierda extremista, bolchevique y pancartera ha dicho que no, que la guerra es siempre y en todo caso peor que cualquiera de sus alternativas.

El debate está viciado por los medios de comunicación, por las necesidades de la propaganda y por la ignorancia general de la historia más o menos reciente. Dos historiadores judíos del siglo XX, dos medievalistas víctimas del totalitarismo, son la mejor respuesta intelectual y personal a un debate mal planteado. Marc Bloch, judío francés, y Ernst Kantorowitz, judío alemán, combatieron heroicamente y voluntariamente por sus respectivas patrias en 1914-1918; Kantorowitz combatió también en los Cuerpos Francos en el frente oriental y en el frente interno alemán. Ambos discreparon en 1939 de la situación política de Francia y Alemania, aunque por diferentes razones. Pero ambos admitieron la necesidad de defender los respectivos países. La guerra existe y seguirá existiendo pese a cualquier utopismo, y no puede perderse de vista que en ella se decide el destino futuro de los pueblos. Es bueno recordarlo ahora, en España, cuando el riesgo de administrar una parte de Iraq es evidente. Pero sin riesgo -y sin la necesaria preparación para el riesgo- no hay libertad.

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.