Enseñar al que no sabe que no sabe

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Las obras de misericordia son grandes desconocidas en la España de 2003. Con la práctica religiosa católica por debajo del 20% e incluso del 10%, y con la enseñanza de la doctrina cristiana rebajada demasiado a menudo a la reiteración de tópicos filantrópicos facilones y bastante cursis, pocos españoles jóvenes son hoy capaces de recordar las catorce obras de misericordia. Lo cual no quiere decir que no las conozcan o que no las practiquen, sino simplemente que las ignoran.

La primera de ellas era, y sigue siendo, enseñar al que no sabe. Para quienes nos dedicamos a enseñar -rara, áspera, cálida vocación- es el centro de la vida civil. Pero enseñar exige como premisa que el sujeto discente, el «ignorante» en sentido puro, sea consciente de su ignorancia. Lo primero que cualquier maestro ha de hacer es disuadir al ignorante que ignora su propia ignorancia. Es decir, que cree saber y vive como si supiese.

Hoy en día estamos llenos de aparentes certezas. Reducida a materia, a riqueza y a bienestar, la vida de nuestros más jóvenes aparece a sus ojos iluminada por el sol del eterno progreso y orientada al horizonte de la eterna felicidad. Nada importa el pasado, menos la tradición, y el conocimiento -como la vida, la amistad, el amor o la lealtad- solo se valora en términos de utilidad. Creemos saber cuanto hemos de saber, y en definitiva cualquier inquietud más profunda de naturaleza intelectual o espiritual es una molestia. Como termina por serlo quien osa mencionarlas.

Y sin embargo, en tiempos de zozobra y de cambio, desde que el mundo es mundo, es hacia esos valores, esas ideas y esos estilos de vida inmunes a la certeza de la comodidad material hacia donde se orientan los espíritus inquietos. Porque sólo de allí han brotado y seguirán brotando las respuestas últimas a los problemas últimos.

Ha escrito Ignacio Sánchez Cámara que ante los grandes retos sólo una aristocracia en sentido etimológico, libre de espíritu, es capaz de proteger al pueblo del miedo, poniéndose ella misma a la intemperie de la Historia, ofreciéndose como ejemplo, renunciando a todas las certezas, dispuesta a aprender y a enseñar. Frente a la conjura de los necios y de los cobardes, necesitaremos a los que viven emboscados, sin rendirse ante la inmensa avalancha de petulante ignorancia, de cómoda satisfacción y de egolatría evanescente. Nosotros lo sabemos. ¿Lo sabe Pilar del Castillo?

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.