Ibarretxe juega con la Historia, pero no bromea

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Patxi López es un político experto; con una experiencia ganada más en querellas intestinas que en tareas de gobierno, pero experiencia contrastada al fin y a la postre. Opina el representante del PSE-PSOE que el proyecto secesionista de Ibarretxe «se adormecerá» en el parlamento vasco, a la espera de su oportunidad. Oportunidad que vendría dada por una derrota electoral del PP y por el acceso condicionado de José Luis Rodríguez Zapatero a la Moncloa.

Patxi López tiene probablemente razón. Pero este adormecimiento, que para muchos es en Madrid motivo de alegría y de reposo, es para los políticos previsores y conscientes de nuestro pasado más cercano y más lejano una causa de grave preocupación. Sobre todo en el País Vasco, y tanto más en Navarra.

El aparente letargo, la suavidad inicial que va a adoptar el proceso secesionista, adormecerá muchas conciencias. La abierta disposición socialista a la negociación política y a la reforma constitucional es un fruto de los desvelos y sugerencias de Ibarretxe. No hay, en esa dirección, límites para el plan. Y éste no puede ser tomado a broma.

Otra cosa será, por supuesto, el caso navarro. A diferencia del PSOE, su Gobierno no desea una reforma constitucional. Pero si se llegase a ella, como el presidente foral Miguel Sanz ha declarado solemnemente, se trataría de levantar la hipoteca planteada por la Disposición Transitoria Cuarta. En 1978, el PNV consiguió sin contrapartidas una «opción preferente de compra» contra la Comunidad Foral. Un cuarto de siglo después, un resultado no previsto y no deseado del plan Ibarretxe puede ser que se revisen las concesiones excesivas que se hicieron en el pacto autonómico fundacional.

No deberían quedar más nueces en el nogal de Arzallus. Tres décadas de chantaje son ya suficientes, como son más que sobrados los cien años de mentiras nacionalistas sobre la identidad histórica de estas tierras. Sin embargo, frente al terror y frente a la falsedad hace falta algo más que buenas voluntades: decenas de Ayuntamientos siguen sin candidatos no nacionalistas porque hay miedo. Tal vez Ibarretxe proporcione al pueblo español la ocasión de mejorar las cosas en la dirección exactamente opuesta a la que él desea. En cualquier caso, como decía Hegel, el espíritu de la historia es burlón.

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de septiembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.