España, con voz propia en el mundo

Por Pascual Tamburri Bariain, 6 de octubre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

José María Aznar cree que España es en 2003 un país considerablemente más creíble y respetado que en 1996. Los hechos parecen darle la razón.

José María Aznar cree que España es en 2003 un país considerablemente más creíble y respetado que en 1996. Tanto en Europa como en el resto del mundo, los hechos parecen darle la razón. El protagonismo internacional de nuestro país, por una vez, ha ido de la mano de la prestancia mundial de nuestros gobernantes. Sin embargo, esta situación no gusta a todos, ni en España, ni fuera de ella; tal vez porque muchos intereses preferían una España postrada y mendicante.

Aznar ha desarrollado en las últimas semanas una intensa actividad exterior. Tras la II Conferencia de Embajadores Españoles, en la que hizo balance de sus logros y previsión de sus metas, el presidente del Gobierno se ha encontrado con el presidente de Estados Unidos, ha intervenido en la Asamblea general de Naciones Unidas y ha participado en una decisiva cumbre europea. Precisamente la Unión Europea y su proceso constituyente ha ocupado gran parte de la atención diplomática española, y así será hasta que se resuelvan los problemas pendientes.

Los imperios no necesitan funcionar en un sistema internacional. Desean ser ellos mismos el sistema internacional, como dijo Henry Kissinger en 1994. Que Estados Unidos es un imperio en todo salvo en el nombre es un hecho que nadie discute. Que ni España ni ninguno de los países europeos tiene hoy categoría imperial es otra realidad que conviene afirmar, porque sólo el conocimiento de la realidad puede permitir que ésta cambie. Estados Unidos tiene hoy la única propuesta imperial en el mundo, la única ideología imperial, el único modelo de vida en expansión y la única fuerza económica y militar digna de un imperio. Si España y Europa han de ser algo han de conocer este hecho y asumirlo como un dato para planear su futuro.

El antiamericanismo más torpe, mediocre y enfermizo cree que bastaría que se aglutinase una fuerza económica y militar igual o superior a la de Washington para que el monopolio imperial se quebrase. Sin embargo, estos supuestos enemigos de la globalización no entienden que una Unión Europea basada en una coalición quebradiza y forzada de intereses, y además compartiendo en todo la ideología imperial de Estados Unidos, nunca podría ser alternativa al poder de éstos.

Aznar es, seguramente, más realista. Hoy por hoy, en Europa, existen los Estados, los viejos Estados nacionales soberanos. No son ya imperios, y sin duda son europeos. Pero son también, sin excepción, aliados o satélites del único imperio. Incluso pensando a muy largo plazo, es bueno que defiendan sus intereses materiales unidos en la Unión, pero también es bueno que defiendan individualmente sus intereses concretos, incluso recurriendo a un “vínculo atlántico” privilegiado, como han hecho Aznar y Blair. La hora imperial de una Europa unida no llegará jamás de falsos consensos y de enredos burocráticos, sino del momento en que los europeos desarrollen una alternativa al núcleo moral del imperio al que pertenecemos. Esa hora, si llega, será sorprendente, como predijo Pierre Drieu La Rochelle al anunciar “extrañas reconciliaciones” históricas. Por el momento, los hechos van dando la razón a Aznar.

Por Pascual Tamburri Bariain, 6 de octubre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.