¿Berlusconi, padre de Europa?

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de octubre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Tal vez no en Berlusconi, pero Aznar y su partido tienen capacidad de influir muy positivamente en Italia, como referentes del centro y la derecha, al más alto nivel. Para bien de España y de Europa.

Europa -la Unión Europea- se asemeja mucho a una bicicleta: o avanza o se cae. La historia de las viejas Comunidades Europeas así lo ha demostrado, y las cosas no van a ser más fáciles en la Europa de los Veinticinco, mañana, o en la de los Treinta y Cinco, pasado mañana. Por eso, pese a todos los recelos, está en la lógica de la Unión que se redacte una nueva norma suprema, que sistematice y ponga orden en el barullo iniciado en la inmediata posguerra.

Llamar “Constitución” a la norma que los Estados europeos van a negociar es por lo menos aventurado, si no resulta ser un caballo de Troya ideológico. En efecto, a la palabra “Constitución” se tiende a ligar, desde las revoluciones liberales, la idea de soberanía. Una nación-Estado expresa su soberanía en una norma constitucional, que define el marco de legitimidad y que se convierte en soporte de la vida pública. Sin embargo, la Unión Europea no es un Estado y carece de soberanía propia, mientras que su legitimidad dimana de los socios, de las naciones, de los Estados.

Ha habido en la Convención europea voces muy interesadas en llamar a la nueva norma Constitución y no Tratado. Sin embargo, jurídicamente, va a ser un Tratado entre Estados, que podrán compartir determinados espacios de poder, pero que no an a dejar de ser soberanos, salvo que se subviertan los fundamentos de la democracia europea y de la libertad de los europeos. Hay, sin duda, quien ideológicamente está interesado en que así sea, y quien cree salir beneficiado de semejante experimento. A espaldas de los pueblos y en perjuicio de España, por cierto.

El destino ha querido que la Italia de Silvio Berlusconi presida la Unión en este semestre decisivo y que a este contradictorio personaje corresponda un rol decisivo en el futuro de España y de Europa. El hombre, su pasado y su manera de actuar puede gustar más o menos, pero ante todo no se le puede negar una impecable legitimidad democrática, mayor que la de ningún gobernante cisalpino de las últimas décadas. Mayor también que la de la mayor parte de sus críticos a este lado de los Alpes. Todo lo cual es decisivo para la España de José María Aznar.

Aznar es precisamente el único que se puede comparar con Berlusconi favorablemente, ya que tiene el mismo consenso popular legitimante y una base en el Partido Popular mucho más sólida que la Forza Italia berlusconiana. Precisamente es en un plano ideológico y de partido, antes que en un plano de Estados, donde Aznar puede conseguir modular la postura de Berlusconi de manera conveniente para España. En el centro derecha italiano, y lógicamente en aquel Gobierno, hay quienes desean un éxito aparente en la gestión del problema “constitucional”; pero también hay quien piensa a largo plazo, y lo hace en términos nacionales y no burocráticos, y no se deja seducir por las sirenas de Bruselas. Tal vez no Berlusconi, pero Aznar y su partido tienen capacidad de influir muy positivamente en Italia, por este camino, al más alto nivel. Para bien de España y de Europa.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de octubre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.