¿Uno, diez, muchos Irak?

Por Pascual Tamburri Bariain, 5 de noviembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

La izquierda pancartera y multiforme del siglo XXI pide «uno, diez, muchos Irak», a la espera de una revancha para la caída del muro de Berlín.

El terrorismo, la guerrilla y en definitiva la guerra siguen en Mesopotamia. Seis meses después de la derrota del ejército regular de Sadam Hussein hay más muertos aliados que nunca en combates que parecen no tener fin y en una situación política y diplomática más que confusa. Los opositores a la guerra, que en general eran más opositores a Estados Unidos que otra cosa, acallados por la evidencia militar, resurgen ahora. Con la satisfacción morbosa y mal ocultada de las bajas yanquis, se pide con insistencia una retirada española de Irak, al tiempo que se exige un acto de contrición de José María Aznar.

La situación recuerda, en muchos sentidos, al final de la década de los 60, cuando una juventud sin ideales elevados se dejó seducir por las sonrisas de Joan Baez y de Jane Fonda y entregó un país entero -Vietnam- al comunismo genocida. Sin embargo, todo o casi todo ha cambiado desde entonces, y del comunismo no queda más que el recuerdo, salvo en Cuba, en China, en Corea y, precisamente, en Vietnam -aparte de la parroquia de Gaspar Llamazares-. Pero no ha cambiado la insólita capacidad de Estados Unidos, del imperio al que España pertenece, para vencer guerras, para derrotar ejércitos y demoler gobiernos, sin lograr después establecer la paz sobre bases sólidas y justas.

La izquierda piojosa de los sesenta pedía «uno, diez, muchos Vietnam», invocando la revolución mundial. La izquierda pancartera y multiforme del siglo XXI pide «uno, diez, muchos Irak», a la espera de una revancha para el irrevocable 9 de noviembre de 1989: porque con el muro de Berlín cayó la razón de ser de toda la izquierda.

En el asunto de Irak se enfrentan dos posturas casi igualmente absurdas. Por un lado, en Estados Unidos hay quien cree que, por no existir ya otra potencia mundial, todo es lícito para la gran potencia liberal y capitalista, y nada puede ni debe interponerse en su camino. Y esto es en verdad absurdo, porque la maldad de una opción no hace automáticamente perfecta su aparente alternativa, ni justifica la torpeza, la impericia y la avidez. Pero, por otro lado, contra Estados Unidos, hay quien cree que toda derrota americana será necesariamente una victoria de la justicia y de la paz, sin reconocer que, en cualquier caso, Sadam no representaba un modelo para el mundo.

Realmente, la postura española -distinta de ambos extremos- es constante, coherente y consistente. España, que no era una potencia media reconocida, ha obtenido una relevancia nueva gracias a la gestión del asunto iraquí. José María Aznar abandonó todos los complejos y buscó para nuestro país una posición propia en el contexto imperante. Realismo hoy, y semillas de genuina grandeza e independencia para un mañana europeo; no se trata de aprobar o de rechazar la política de George Bush, sino de saber qué ha cambiado en el mundo para España desde hace un año.

Por Pascual Tamburri Bariain, 5 de noviembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.