9 de noviembre, fiesta nacional de Europa

Por Pascual Tamburri Bariain, 9 de noviembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Cuando los pueblos de Europa derribaron el muro de Berlín, en 1989 terminó el siglo iniciado en 1917 por la revolución soviética, y se hizo posible una Europa unida y libre del terror marxista.

Ayer, nueve de noviembre de 2003, se cumplieron catorce años del fin de un siglo. Cuando los pueblos de Europa rompieron las cadenas de la tiranía marxista, en 1989, terminó el siglo iniciado en 1917 por la revolución leninista. Tales son los límites de un siglo XX marcado por la crisis del liberalismo, por el triunfo de la democracia en sus diversas formas y sobre todo por una acumulación inusitada de sufrimiento humano. Para Europa, además, ha sido el siglo de las dos guerras civiles, de la destrucción y de la decadencia material y sobre todo moral.

Todo eso terminó en 1989. Muchos trabajaron en la sombra para lograr que así fuese, pero sobre todo sorprendió la frescura con la que los europeos olvidados y sojuzgados desde el Este se alzaban con alegría y esperanza, pidiendo libertad. Libertad y libertades: libertades para las personas, privadas de ellas por la cruel dictadura comunista; libertades también para los pueblos, encerrados durante décadas en construcciones artificiales como Checoslovaquia, Yugoslavia o la Unión Soviética, que hoy son ya sólo un mal recuerdo.

La liberación de 1989 hizo posible la reunificación de Europa; y la Comunidad Económica Europea, nacida sólo como mercado común de manos de aburridos sacristanes y burócratas, pasó a ser Unión Europea, ante la inevitable adhesión de todos los hijos de Europa a un proyecto común. Un proyecto de libertad y de prosperidad, ciertamente, pero sobre todo un proyecto que ha de garantizar tanto la identidad y el vigor comunes como las entrañables identidades populares.

Europa se hizo de nuevo posible en 1989. Lo que parecía sólo lonja de mercaderes se ha ido convirtiendo, con grandes dificultades, en un proyecto llamado por su pasado y por su esencia a la grandeza. Es cierto que hacen falta mentes despejadas para intuir el porvenir y para llegar a él, pero sólo la liberación de 1989, que tuvo la enorme virtud de acabar con un mundo podrido sin legitimar de modo absoluto su aparente alternativa, nos permiten hablar hoy de una Europa libre, unida y fuete en el mundo, en la que España represente un papel a la altura de su personalidad. Por todo esto, ayer fue fiesta mayor en Europa.

Por Pascual Tamburri Bariain, 9 de noviembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.