Violencia de género en una sociedad cambiante

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de noviembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

La violencia de género es un síntoma grave de crisis social, y debe ser reprimida en sus síntomas más sangrantes. Pero sobre todo debe ser prevenida en sus causas.

El mundo conmemora hoy el Día Internacional contra la violencia hacia la mujer. Conmemora y no celebra, como parece excusado recordar. La importancia del tema queda sin embargo diluida entre la avalancha de conmemoraciones y festejos, de aniversarios y de días mundiales dedicados a las causas y cuestiones más variopintas; hasta el punto de llegarse a ocultar que este tema es uno de los más graves a los que se enfrentan las sociedades postmodernas.

¿De qué tema se trata? Si escuchamos las reivindicaciones del feminismo oficial, asumidas penosamente por la corrección política imperante, se trata de una injusticia de sexo, de una simple cuestión de Derecho Penal, ya que un porcentaje anormalmente alto de mujeres sufren física o moralmente a manos de sus esposos, novios, padres o hermanos. Y, si bien los hechos son así, la interpretación que impera en los medios de comunicación peca habitualmente de simplista, de superficial, de ideológicamente chata y de intelectualmente timorata.

El problema de la violencia, con ser grave, es sólo un síntoma de los problemas de fondo. La modernidad occidental, especialmente en los últimos años, ha triunfado al extender ampliamente la idea de que el individuo es capaz de determinar por sí solo sus propios fines, y de que el primero de esos fines es la felicidad -individual- lograda por cauces materiales -la riqueza, el placer, la comodidad-. No tiene sentido el esquema tradicional de familia, ni de comunidad, ni de solidaridad fraterna o intergeneracional. Pues bien, la sociedad que asume esta antropología termina lógicamente convirtiéndose en un conjunto de individuos que luchan unos con otros por su parcela de felicidad inmanente.

En resumidas cuentas, hoy ya no tiene sentido para muchos el matrimonio como unión permanente de dos personas, sino que el núcleo familiar puede nacer de una coincidencia circunstancial de intereses. Hombre y mujer ya no son una sola persona con una sola voluntad y un solo destino, sino que son dos bandos en una guerra por la felicidad, por el placer, por la riqueza. Y de ahí la violencia.

Nadie puede hoy discutir la igual dignidad de hombre y mujer. Nadie lo ha hecho seriamente al menos en los dos milenios cristianos. Hombre y mujer se necesitan mutuamente, no pueden existir el uno sin la otra, y sólo de la aceptación de esta realidad -evidente, eterna e inmutable- pueden nacer sociedades sanas. La violencia de género es un síntoma grave de crisis social, y debe ser reprimida en sus síntomas más sangrantes. Pero sobre todo debe ser prevenida en sus causas.

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de noviembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.