Reflexión desapasionada ante la captura de un terrorista

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de diciembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.

Sadam Hussein ha sido capturado por las Fuerzas Armadas estadounidenses. Desde el punto de vista norteamericano es un éxito sin paliativos, y lo es también para España; no en vano nuestro país decidió compartir con George Bush los riesgos de un conflicto que el mismo Hussein inició en 1990 con su agresión a Kuwait. Allí se deciden vitales intereses norteamericanos, pero también españoles.

El expresidente iraquí ha sido capturado en su condición de comandante en jefe de un Ejército y de jefe de un Estado. Aunque derrotado y capturado, es un prisionero de guerra con todas las implicaciones jurídicas y políticas que tiene esta calificación jurídica. Algunos medios de comunicación han apostado por apelar a las categorías propias del Derecho Penal, pidiendo poco más que un linchamiento y poco menos que una farsa judicial para castigar a Sadam. Y es un error.

José María Aznar y George Bush han afirmado que Sadam Hussein tendrá que responder por sus crímenes. Y es bueno que así sea, como siempre será bueno que suceda cuando alguien viola las leyes, y más si para hacerlo se mancha con delitos horribles e inimaginables. No obstante, los principios jurídicos fundamentales de cualquier ordenamiento civilizado -del norteamericano, del español, y también del iraquí- deben ser respetados. Si Sadam, ciudadano iraquí, ha cometido crímenes deberá ser juzgado a tenor de las leyes que violó, y además considerando su posición de jefe de un Estado universalmente reconocido como soberano. No puede haber retroactividad negativa en las leyes penales, y no puede haber leyes o tribunales hechos para un caso y una persona. La seguridad jurídica es también una de las esencias del Estado de derecho democrático.

Las posibilidades son muchas. Los crímenes de un Sadam lo eran también para las leyes penales iraquíes, y podría ser juzgado por un tribunal iraquí, en la medida en que Irak tenga ahora un Estado. Por otra parte, si Sadam es acusado de crímenes de guerra, como militar y a tenor de las convenciones internacionales, puede ser juzgado por un tribunal militar de su país o, a falta de éste, por un tribunal militar aliado, pero limitadamente a los crímenes de guerra de los que sea responsable como miembro de las Fuerzas Armadas iraquíes. Hasta hoy no hay ninguna otra posibilidad firme de enjuiciamiento penal de Sadam.

Los crímenes deben ser reprimidos, los criminales aprehendidos y juzgados, las penas aplicadas. Sobre esta base se combate el terrorismo, como hace eficazmente España con su propio terrorismo interno. En esa lucha pueden emplearse todos los medios legales y legítimos, y Estados Unidos ha demostrado que los Ejércitos son un elemento eficaz en la lucha antiterrorista, en la que no caben miedos. Pero sí cabe la legalidad, y el mismo Partido Popular que con José María Aznar denunció la vergüenza antijurídica de los GAL sabe que no todo vale para lograr un buen fin. Tal vez en la lucha contra ETA hayan sobrado cautelas, pero no hay que abandonarlas todas en el caso -tan distinto, tan distante- de Sadam.

Antonio Martín Beaumont

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de diciembre de 2003.
Publicado en El Semanal Digital.