Elkarri, el regalo de reyes de ETA

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

¿Qué tienen en común Juan Cruz Alli, Francesco Cossiga y Adolfo Pérez Esquivel, por ejemplo? Son cadáveres políticos que traen sus regalos al pesebre nacionalista.

Elkarri, como es bien sabido, es el movimiento falsamente pacifista que promueve el nacionalismo vasco. Sus características más notables ya son conocidas: condena la violencia “venga de donde venga”, afirma que el Estado español tortura, asesina y tiene presos políticos, cree que debe haber una negociación directa entre España y ETA y que, en fin sería adecuado compensar una tregua de los terroristas con la rendición a todos los postulados independentistas.

Parece mucho, pero no es casi nada. Mientras Elkarri fue un lobo con piel de cordero fue extremadamente peligroso para la democracia española, porque muchas gentes de buena intención cayeron por esa vía en las redes totalitarias del nacionalismo. Hoy ya no es así: quien firma un manifiesto de Elkarri sabe que apoya al nacionalismo y que refrenda con su nombre los crímenes de ETA. Esto puede no gustar, y de hecho no gusta, a quienes fueron o siguen siendo compañeros de viaje y tontos útiles de esa parte de la jauría asesina, pero es cierto.

Ernesto Ladrón de Guevara, desde Unidad Alavesa, ha planteado en tono polémico la cuestión de Elkarri. Sea, en efecto, hay que resolver el conflicto vasco, como dice Elkarri. Pero ese conflicto, como la misma existencia de Elakarri, lo han traído los nacionalistas. Y, en definitiva, cuando Elkarri habla de diálogo, o de negociación, qué se puede negociar y sobre qué parámetros de fuerza? Lo se esconde en Elkarri detrás del diálogo son “mecanismos de chantaje”. Y eso “no es diálogo, eso es combate” .

Elkarri, como la pretensión negociadora de los independentismos vasco y catalán, se ampara en una percepción negativa del Estado nacional español, de sus deberes y de sus poderes. Si ETA y el PNV se ven con fuerzas para plantear lo que Ibarretxe y Otegi plantean, y para hacerlo al amparo del terror, es precisamente porque hay una idea ampliamente extendida de que el Estado nunca apelará a su legítima fuerza para impedir excesos del nacionalismo. A esta misma idea se acogen quienes, por convicción o por interés, se adhieren a los manifiestos y a los actos de Elkarri.

¿Qué tienen en común un Juan Cruz Alli, un Francesco Cossiga y un Adolfo Pérez Esquivel, por ejemplo? Son cadáveres políticos, ciertamente, pero tratan de abandonar su hedionda putrefacción trayendo oro, incienso y mirra al pesebre nacionalista. Aunque tal vez se equivoquen y en España, esta vez, sí haya una firme voluntad democrática de no aceptar más farsas.

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.