ETA, derrotada, puede vencer

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Cuando el PNV gane aliados más allá de la fractura vertical de la sociedad vasca y garantice su alto nivel de vida, los objetivos comunes de ETA y del PNV estarán al alcance dela mano.

ETA, el grupo armado nacionalista vasco que ha sobrevivido a la Transición, no sólo está contra las cuerdas. Técnicamente, como banda terrorista y como fenómeno delictivo, está liquidada. Es decir, puede matar, puede delinquir, puede causar miedo y de hecho lo causa, pero gracias a la acción del Gobierno en los últimos años es absolutamente incapaz de lograr sus objetivos de desestabilización, independencia y revolución. ETA es hoy, como asociación de malhechores, sólo un gran GRAPO.

Ahora bien, ¿por qué ETA está en condiciones de imponer su programa y su agenda a la democracia española, aún hoy, y el GRAPO no? Porque ETA sobrevive con la muy fundada esperanza de que el Plan Ibarretxe le saque las castañas

del fuego. Y sólo por este horizonte, que hace posible para ETA lo que por sí misma jamás podría pensar, ETA sigue siendo en enero de 2004 el problema que más preocupa a los españoles; ya que masivamente los españoles saben o intuyen que el terrorismo es sólo una parte del nacionalismo, y que es éste el mayor enemigo que tiene hoy la pacífica convivencia democrática del pueblo español.

ETA, y su brazo político ahora ilegal, no es capaz más que de matar y extorsionar, e incluso esto con dificultades. Sin embargo, gracias a ETA, el nacionalismo está en condiciones de atentar contra la seguridad del Estado. Circunstancia sin duda original, ya que, mientras que ETA está a años luz de amenazar realmente al Estado y debe limitarse a asesinar a sus ciudadanos, el nacionalismo en general, basándose en esa capacidad de coacción, sí avanza hacia sus fines.

El nacionalismo está apostando, así, por un “proceso de paz” calcado sobre el de Estella … sin los errores de Estella. Esto implica, sobre todo, romper el techo nacionalista, y mantener la debida ambigüedad nacionalista-progresista que garantice a Ibarretxe el apoyo de gran parte del mundo socialista y comunista (que antes no tuvo) a cambio de la común lucha contra el PP y de una promesa de tregua.

Esta suma de estrategias antes divergentes y ahora convergentes es intelectualmente deleznable, pero acorto plazo conviene a todos. Sobre todo, es capaz de dar a los ciudadanos la apariencia de seguridad y d egarantía del bienestar que ETA sola, por definición, no puede dar, y que el nacionalismo solo, en Estalla, no consiguió dar. En el momento en que el PNV aglutine aliados más allá de la fractura vertical de la sociedad vasca y lo haga con aspecto sereno, garantizando el alto nivel de vida del que allí se disfruta gracias a todos los españoles, los objetivos comunes de ETA y del PNV estarán al alcance dela mano.

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.