La purga del PSE favorece sólo al nacionalismo

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Confeccionar las candidaturas electorales es una de las tareas más delicadas en democracia, y es un trabajo que suele recaer en pocas personas. Personas decisivas que, dadas las fechas en las que nos encontramos y la inminente disolución de las Cortes, no han tenido unas vacaciones normales.

Menos aún en el País Vasco y en Navarra, donde la normalidad democrática, teniendo en cuenta la presión independentista y terrorista, sólo se supone. En las elecciones de marzo va a dilucidarse, en aquellas regiones, mucho más que una mayoría parlamentaria; va a saberse qué calidad tiene allí democracia, si hay tal democracia más allá de las apariencias y, en consecuencia, sabremos también qué medidas tendrá en su agenda el sucesor de Aznar.

Patxi López y sus gentes, dentro del socialismo vasco, están arrinconando en las listas al sector ligado a Nicolás Redondo; de hecho están eliminándolos completamente de las mismas, con casos escandalosos como el de Rosa Díez. Es el triunfo de Odón Elorza, lo que equivale a decir el de Pasqual Maragall. Pero nada de todo esto sucedería sin el consentimiento de José Luis Rodríguez Zapatero, que se hace así responsable de las previsibles consecuencias nacionales.

Un caso similar se da Navarra, donde la deriva nacionalista del PSOE ha evitado la expulsión del concejal Úriz -que votó con los nacionalistas para mantener la ikurriña en su Ayuntamiento- y va a plantear una candidatura encabezada por el mismo secretario general del PSN, Lizarbe. En franco acuerdo con los nacionalistas.

No es fácil saber qué resultados electorales cosechará el PSOE en esas cuatro provincias, aunque la tendencia es descendente. Lo seguro es que, en cualquier caso, el vencedor será el PNV. López y Elorza, cada vez con menos disimulos, anhelan volver al pacto permanente con los nacionalistas. Y, de hecho, el indefinido reformismo de los Estatutos que Maragall ha impuesto al PSOE permite un acuerdo sin que el plan de Ibarretxe se vea afectado.

Todo esto deja en el PP, UPN y UA la garantía de la lealtad constitucional de vascos y navarros. En Navarra no parece haber grandes problemas, pero una división del PSE, o su escoramiento hacia el nacionalismo, abriría un impensable escenario de inestabilidad para nuestra democracia. No es una hipótesis, ya es casi un hecho.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.