Los derechos del vencido, aunque sea Sadam

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Recurrir a Tribunales especiales es signo de impotencia, cuando lo hace un régimen en el interior de un país. Los grandes procesos que se avecinan definirán cómo va a ser el siglo XXI.

En nuestra tradición europea, y por consiguiente romana, la justicia -además de una virtud- es la búsqueda concreta de un espacio de equidad, de imparcialidad. Los principios jurídicos dirimen el conflicto dando a cada cual lo suyo; y el Derecho presupone la autoridad, superior a las partes en litigio y capaz de imponer su orden a éstas.

El intelectual comunista Danilo Zolo ha negado, partiendo de este criterio jurídico que es universalmente aceptado en los países a los que llamamos libres, democráticos y civilizados, que el hipotético proceso que se vaya a seguir a Sadam Hussein sea realmente jurídico. Cuando el vencedor juzga al vencido, incluso si éste es impresentable por una u otra razón, incluso si su trayectoria pasada es todo menos ejemplar, se incurre en venganza, y no en justicia.

Realmente, que la izquierda defienda a Hussein tiene bastante lógica política, considerando la historia reciente y menos reciente. Pero lo cierto es que Hussein puede ser juzgado, y podría ser seguramente condenado, por sus violaciones del Derecho vigente en Irak; y juzgarlo así, por jueces iraquíes, evitaría la vergüenza colectiva de pretender condenar a un Jefe de Estado por haber cometido el peor de los delitos: ser depuesto. La izquierda quiere absolver a Hussein porque es su cómplice, y no quiere compartir su condena; pero en nombre de la Justicia no es indiferente cómo y dónde vaya a ser juzgado Sadam, porque en él, y en los presos sis derechos de Guantánamo, se condensan algunas contradicciones del nuevo orden mundial que no son ni de izquierdas, ni de derechas, sino simplemente evidentes

Recurrir a Tribunales especiales es signo de impotencia, cuando lo hace un régimen en el interior de un país; esperar que el imperio estadounidense se consolide basándose en una legislación excepcional y retroactiva, como lo son las normas aplicadas en Afganistán y en Irak, implica una prevalencia de la fuerza sobre el Derecho. Hans Kelsen, el máximo jurista demócrata del siglo XX, vio en los procesos de Nuremberg la negación de la idea de justicia, o mejor dicho la eliminación de las barreras entre la justicia y la fuerza. Nuremberg se pudo hacer mejor, y aquellos errores aún se pagan; España aún puede aconsejar a Estados unidos con mejor criterio en estos grandes procesos que sin duda se avecinan. Y que definirán cómo va a ser el siglo XXI.

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.