Adiós Cascos, adiós

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Francisco Álvarez Cascos nos deja. Afortunadamente no es un adiós definitivo a este mundo, pero sí es una despedida de la vida pública, o mejor dicho de la vida política. Y con Cascos se va, en lo bueno y en lo malo, una parte de la historia de España, historia reciente, pero historia al fin y al cabo.

Álvarez Cascos ha sido, es, un hombre marcado por la experiencia de Alianza Popular. Concejal en Gijón en los años más sombríos del felipismo, fue una de las jóvenes promesas de la derecha. Agotado el brillante recorrido de Manuel Fraga, un puñado de jóvenes y menos jóvenes se enfrentó al reto de romper aquel famoso «techo» y de dar, en suma, carácter de alternativa a un centro derecha lastrado por sus propios complejos culturales y políticos, por el recuerdo del franquismo y sobre todo -no se olvide- por el fracaso de la UCD.

El PSOE parecía eterno e invencible, y la derecha necesitaba una renovación en el fondo y en las formas, que implicase no sólo un cambio de nombres y de hombres, sino sobre todo una mejor conexión con la realidad del pueblo español y del mundo contemporáneo. Cascos fue uno de los protagonistas del cambio aznarista, y como sostén político y parlamentario del renacido PP dio un tono realista y pragmático al quehacer político. Algo que fue necesario, y que dio sus frutos ya en aquel difícil Gobierno de 1996 en el que Cascos fue necesario muñidor.

Pero Cascos ha sufrido un eclipse político en buena medida ligado a las mismas razones que explicaron su apogeo. Realismo y pragmatismo son, desde siempre y para siempre, partes de la vida política. Un escéptico los considerará valores en sí mismos, y hará que reemplacen a los verdaderos y genuinos principios. Triunfará frente a sus rivales; pero, haciéndolo, abandonará la esencia de la política, que es la defensa de ideales.

La peripecia personal de Cascos no es políticamente relevante, ni debe ser objeto de debate público, porque sólo afecta a su intimidad. Máximo respeto y humana comprensión, que se extienden además a su -con todo- eficaz gestión ministerial reciente. Pero su trayectoria pública, demasiado marcada por las tensiones de la oposición, demasiado alejada de la afirmación de valores propios, demasiado abierta a convergencias improbables en nombre de la ansiada victoria y del ansiado poder. Aunque sea con un coste electoral, la política no es sólo pragmatismo y no todo debe ser posible en un partido con valores propios.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 23 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.