Cheque escolar y sanitario: una buena idea con una mala defensa

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Hoy no se dan las circunstancias que lo hagan posible determinadas innovaciones, pero en el futuro todo puede cambiar. Es preciso más autonomía real para los centros públicos.

El Círculo de Empresarios ha asombrado a propios y extraños con sus propuestas más recientes de reforma de la política social. Rompiendo con una tradición iniciada con la Ley Moyano y culminada prácticamente durante el franquismo, se ha lanzado a la opinión pública española la idea de que, quien pueda, ha de pagar el coste de los servicios sociales básicos, para hacer éstos más eficientes y más valorados. Así, la sanidad o la educación enteramente gratuitas quedarían sólo para quien no pudiese costear otra cosa.

La propuesta, que tiene matices de estímulo y de provocación, reinstauraría en la práctica la beneficencia de sombrío recuerdo, y crearía situaciones de grave -e injusta- desigualdad material. Como mecanismo corrector, el Círculo de empresarios mencionó la posible financiación mediante el llamado “cheque escolar”, que reaparece así después de algunos años de relativo eclipse.

Sin embargo, debe quedar claro que las dos cuestiones no nacen emparentadas y no tiene relación entre sí. Una cosa es la liberalización de los servicios públicos, y otra cosa bien distinta es que dejen, efectivamente, de ser públicos. Una cosa es que se busque la economía de medios como fin en sí misma, y otra bien diferente es que la financiación familiar de tales servicios (el cheque escolar) resulte ser conveniente para las finanzas del Estado.

Pero el cheque escolar no nació con ese fin. Es un producto de la cultura de la subsidiariedad, de matriz católica y muy ligada a una de las raíces culturales del Partido Popular. Se trata de fomentar la libre elección de centro escolar, o sanitario en su caso, dando a las familias la capacidad de asignar los recursos que el Estado, en cualquier caso, les atribuiría. Así, la distinción entre centros públicos y privados perdería su actual sentido, porque los ciudadanos podrían elegir sin depender de su riqueza y los centros tendrían que competir.

La propuesta del Círculo de Empresarios es estrictamente economicista y atiende a las modas macroeconómicas imperantes. Bien está que se diga, y libremente se ha dicho, pero no se atiene a la realidad actual de España ni a las necesidades del pueblo español. Otra cosa es el cheque escolar: hoy no se dan las circunstancias que lo hagan posible, pero en el futuro todo puede cambiar. Hoy es improponible porque los centros públicos carecen de autonomía y de medios para ser competitivos considerados uno a uno; pero si se les diese esa oportunidad, indudablemente la hipótesis podría considerarse, para bien de todos, y no necesariamente de las grandes cifras que preocupan al gran empresariado.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de enero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.