Valencia contra Barcelona, 1479-2004

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de febrero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

3 de febrero. Reinaba en la Corona de Aragón Juan II -el padre de Fernando el Católico- cuando una parte de la oligarquía catalana se enfrentó a su autoridad. Durante bastantes años, la burguesía de Barcelona quiso obrar contra los intereses generales del reino y contra la autoridad del rey, y planteó una auténtica, larga y sangrienta guerra civil. Barcelona, parecían decir, es la gran metrópoli comercial del Mediterráneo, y tiene derecho a dirigir sus propios asuntos. Es rica, culta y europea, y los reyes no entienden sus necesidades. Algo que, si no fuese historia medieval, nos parecería casi cosa de hoy.

Aquella guerra civil, después de mucho dolor, fue liquidada por el padre y el excepcional hijo sin menoscabo alguno de su poder y de su autoridad públicos. Sin embargo, al terminar la rebeldía de los privilegiados catalanes, muchas cosas habían cambiado en España, y no sólo desde el punto de vista político. Durante demasiado tiempo Barcelona se había dedicado a sus reivindicaciones y a sus querellas, a la guerra y a las tramas diplomáticas; durante demasiado tiempo las energías de la gran ciudad se habían dirigido lejos de la industria y el comercio. Pero la industria y el comercio, que la habían hecho grande, necesitaban una sede tranquila. Y la obcecación egoísta de algunos catalanes hizo la grandeza de Valencia.

Valencia, calladamente, humildemente, pero con eficacia y prontitud, llenó el espacio que Barcelona había dejado vacío. En 1479, cuando volvió la paz a Cataluña, Valencia ya era más grande que Barcelona, más rica, más próspera; y fue la mayor y más admirada ciudad de España hasta que la aventura de las Indias hizo grande a Sevilla.

Las intervenciones más recientes de Josep Piqué en el Parlamento de Cataluña traen a los más cultos el recuerdo de aquellos catalanes prudentes y comedidos que advirtieron, desde el principio de la guerra civil medieval, de las seguras consecuencias negativas de la situación. Cataluña nunca ha ganado nada cuando se ha dejado dirigir por quienes pretendían privilegios superiores a los debidos; y Cataluña, que tiene una misión que cumplir en España, siempre ha tenido que lamentar sus desviaciones de esa ruta segura.

Ante todo, económicamente. Si la inseguridad política futura aleja las empresas y las inversiones ¿quién es responsable si no quien crea la inseguridad? ¿Alguien con criterio es capaz de realizar una gran inversión en circunstancias de conflicto? Ya hoy, Valencia ha superado como puerto a Barcelona. Y en cuanto a la calidad, densidad y modernidad del tejido económico, habría mucho que decir. ¿Realmente queremos repetir la historia?

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de febrero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.