De la fecundación a la clonación, tareas para un nuevo Gobierno

Por Pascual Tamburri Bariain, 18 de febrero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

El grado de civilización, de libertad y de pluralismo de un Estado se puede medir en el nivel de tutela de los derechos de los sujetos más débiles e indefensos. Como por ejemplo los niños.

18 de febrero. La clonación de embriones humanos en Corea del Sur ha desatado una gran polémica mundial. Una frontera científica ha sido franqueada, pero una gran barrera ética se halla a la vez en idéntico peligro. El vicepresidente segundo, Javier Arenas, ya ha expresado la oposición del Gobierno al experimento realizado por científicos coreanos para clonar embriones humanos. No obstante, las posiciones éticas de algunos altos representantes del PP no es igualmente clara. Las espadas están allí en alto; en el PSOE, en cambio, la retórica “progre” ha impedido cualquier discusión sobre el asunto y se ha elevado un aplauso acrítico a cualquier posibilidad de manipulación.

Acertadamente, Arenas ha declarado que estos asuntos son muy delicados porque tienen mucho que ver la conciencia de las personas, la necesidad de la unanimidad de los científicos y la posición de principios. Cierto es; pero el verdadero “progre” no piensa en estas cosas: todo lo que físicamente es posible hacer debe ser hecho, cuanto antes y a cualquier precio, si nos acerca a la imposible meta de la eterna felicidad y de la inmortalidad humana. O si parece acercarnos a eso, lo que electoralmente viene a ser lo mismo. ¿Qué importan unos cuantos embriones de más o de menos? Así pues, en el asunto de la clonación y en cuanto a la coherencia a largo plazo, cualquier comparación entre PP y ZP es odiosa.

Pero la verdad es aún más complicada y dolorosa. La Ley de Reproducción Asistida que el PP presentó y aprobó pese a las enormes reticencias de muchos de sus diputados, permite técnicamente que el experimento surcoreano -al no emplear espermatozoides ni fecundación en el sentido estricto- se pueda repetir impunemente en España. Se sabía ya entonces que era posible, y por otro lado se sabía, como se sabe hoy, que clonar para curar es un imposible tan grande como negar que las células madre adultas -cuya obtención no requiere ninguna práctica embrionicida- son las únicas con poder curativo demostrado.

Tendrá que decidir el Parlamento que salga de las próximas elecciones, en las que el derecho a la vida volverá a ser uno de los caballos de batalla no por ocultos menos importantes. El grado de civilización, de democracia, de libertad y de pluralismo de un Estado se puede medir en el nivel de tutela de los derechos de los sujetos más débiles e indefensos, como por ejemplo los niños. Frente a las consignas y las pancartas del progresismo hay que defender los derechos conjuntos del niño -nacido o por nacer- y los de la madre. Un nuevo y verdadero feminismo, un nuevo y sincero movimiento en defensa de los derechos humanos puede servir de base a la necesaria reforma de una Ley tan reciente, pero ya rebasada en algunos de sus conceptos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 18 de febrero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.