España sin Aznar, y Aznar sin España

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de febrero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

25 de febrero. Se olvida con demasiada facilidad que esta legislatura ha terminado de una manera totalmente atípica en nuestra historia democrática: la legislatura se ha agotado, y el presidente saliente, por su propia voluntad, ha renunciado a presentarse a unas elecciones que presumiblemente podía ganar con holgura. Nadie más puede decir lo mismo en un país demasiado acostumbrado, en sus siglos de decadencia, al predominio de los intereses personales sobre los principios del país. Aznar ha hecho que muchas cosas cambien.

El ejemplo es una parte de la vida pública a menudo olvidada. Se puede predicar con la palabra, con la propaganda, con una retórica más o menos huera; pero también se pueden transmitir ideas, y valores, con el ejemplo. Y José María Aznar, indiscutiblemente, lo ha hecho. Puede gustar más o menos el personaje, su estilo, su carácter o su modo de hacer las cosas; pero los españoles han aprendido a conocerlo y a valorarlo, precisamente por el ejemplo que ha querido dar. Ni el PP es como fue el PSOE, ni Aznar es como Felipe González. Para bien o para mal, encarnan dos modos de hacer las cosas, que son también dos modos de vivir.

Ahora bien, decir que el Partido Popular ha tenido durante estos ocho años una mala política de comunicación es decir poco. Se ha dejado en manos de enemigos feroces la gestión de la imagen pública del partido y del Gobierno; se ha tolerado la hostilidad de grandes grupos de comunicación; se ha renunciado a comunicar directamente con el pueblo, tal vez por un miedo mal entendido a aparentar firmeza y resolución. Y todo esto ha hecho menos visible el éxito global de los populares, y menos notable el ejemplo de liderazgo sereno que Aznar ha querido dar. La gestión mediática de la crisis iraquí ha sido tal vez el caso más evidente de unos políticos trabajando exitosamente por su país y permitiendo que la opinión pública no lo viese con claridad. Pero lo mismo puede decirse de una larga serie de éxitos ocultos y de falsos fracasos.

Tal vez los complejos tengan algo que ver en esto. Tal vez haya faltado más coraje en temas esenciales como son la comunicación, la cultura y la educación, pese a todo entregadas a una izquierda derrotada por la historia. Pero nadie puede discutir la eficacia de José María Aznar en su gestión, y su férrea lealtad a lo esencial, desde Perejil hasta el Nervión. ¿Qué pasará después del 14 de marzo?

El PP no puede permitirse el lujo de desperdiciar semejante patrimonio humano y político. Es seguro que su ejemplo seguirá siendo operativo, dentro y fuera del Partido Popular, y ciertamente en Mariano Rajoy y su entorno. Pero José María Aznar, en sí mismo, no ha dado de sí aún todo lo que puede dar. Habrá que ver cómo se ejerce un liderazgo moral que no desaparecerá con el cargo.

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de febrero de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.