Vuelco electoral en unos comicios teñidos de sangre

Por Pascual Tamburri Bariain, 15 de marzo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

15 de marzo. En apenas cuarenta y ocho horas se ha dado la vuelta a todas las encuestas y el PP ha perdido treinta y cinco escaños. Doscientos muertos han llevado a la derrota a uno de los partidos más fuertes de la democracia española. De nada han valido los logros y la estabilidad de la gestión de José María Aznar; tampoco el fin de la corrupción de la era socialista. Solo el presentimiento de que una guerra lejana –que casi nadie entiende– pudiera asentarse en nuestro suelo parece haber llenado de terror a los españoles que no están dispuestos a tolerar otro “Atocha”. Guste o no, este ha sido el razonamiento de millones de españoles y el PP tendrá que reflexionar sobre ello.

En conexión con el tema de la guerra, hay otro importante elemento de reflexión para el PP: su fracaso de la lucha ideológica y cultural, hábilmente manejada por la izquierda, que el presidente del Gobierno, José María Aznar ha querido encerrar entre los muros de la FAES.

Ahora viene “el día después”, un día después que deberá gestionar el PSOE esperemos que en beneficio de España, antes que en coalición con aquellas fuerzas cuya voluntad irrenunciable consiste precisamente en fragmentar nuestra nación.

La victoria del PSOE es clara e inobjetable y, felizmente, en medio de una de las participaciones más altas de la vida democrática española. Zapatero tiene por ello una ocasión de oro para demostrar su política de Estado. A fecha de hoy, los socialistas, con ánimo de expulsar al PP del Gobierno, han realizado pactos un tanto dudosos desde la óptica del servicio a la nación y la inestabilidad del PSOE, sobre todo en el último año, ha producido en el partido una serie de fisuras que Zapatero no debe negarse a ver cegado por el fulgor de la victoria. Los socialistas no deben olvidar cuanto de su victoria se debe a los errores ajenos antes que a méritos propios.

El auge nacionalista, reflejado en el incremento de votos de Carod-Rovira y en la irrupción de Nafarroa Bai, así como en el nuevo escaño del BNG, debe hacer reflexionar y preocupar por igual a PP y PSOE. Ya que es la medida justa de la polución ideológica que ensombrece el panorama intelectual en algunas zonas de España.

Ninguno de estos problemas supone una tarea fácil. Esperemos por ello que los nuevos gobernantes sepan elegir bien a sus compañeros de viaje, por el bien de todos y por el bien de España.

Por Pascual Tamburri Bariain, 15 de marzo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.