Mala cosa lo de las camarillas en política

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de marzo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

30 de marzo. Mariano Rajoy tiene ante sí decisiones importantes. A los recientes nombramientos de orden interno -que más de un popular califica de “intercambio de cromos”–, en un PP que obviamente debe pasar de su organización ligada al Gobierno a la gestión de la oposición, deberá unirse pronto la designación de candidatos populares. Sobre todo, y antes que otros, el cabeza de lista para las elecciones europeas del 13 de junio.

El PP no tiene, a día de hoy, ni los problemas estructurales de la vieja Alianza Popular, en los años duros de la oposición casi sin esperanza, ni los defectos de la UCD decadente y sangrante por las heridas de sus mil corrientes. Y Rajoy debería tenerlo en cuenta a la hora de elegir libremente colaboradores, sobre todo si desea sobrevivir políticamente más allá del 13 de junio. Hoy, en el PP, hay un abanico amplio, variado y a la vez integrado y coherente de personas capaces de desempeñar las diversas responsabilidades.

El PP tiene hoy su líder natural en José María Aznar. Nadie discute ni la categoría ni la valía de Mariano Rajoy, pero Aznar es querido por las bases. Rajoy es todavía, para muchos, el hombre de Aznar, entre otras cosas porque deberá verse confirmado como presidente por un congreso, y por el día a día de la vida política, en la oposición.

Aznar, sin embargo, es ya un mito, como lo es su visión de España y su doctrina política. A Rajoy le queda la gestión de la realidad, de la mano de su generación política y de las que le suceden dentro del mismo partido. Sin duda tanto Rodrigo Rato como Jaime Mayor Oreja podrían vencer al PSOE el 13 de junio, pero la verdadera dificultad no estriba tanto en lograrlo como en que no se perjudique en el intento la solidez del PP y de su dirección.

Incluso otras personas, de otras edades o de diferentes sensibilidades, podrían lograr notables éxitos electorales. Pero sería bueno que todos recordasen tanto el legado positivo de la etapa Aznar –sin familias políticas–, como el ejemplo negativo de la etapa Suárez –con familias políticas a puñalada limpia–. Lo importante no son los cargos ni los personalismos, sino la defensa de los principios, y por consiguiente de la consistencia a largo plazo del partido.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de marzo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.